Un wargame de cuaderno cuadriculado – Primera parte

De un juego de miniaturas a uno de papel

Uno de mis hobbies es el wargame de miniaturas. Se trata de una mezcla entre el miniaturismo, el juego y la simulación, a diferentes dosis. Quiero decir que hay quien se dedica exclusivamente a pintar o coleccionar y no juega nunca. De la misma manera está quien solo se ocupa por jugar y es muy feliz dejando las miniaturas sin pintar, tal como vengan de fábrica, o de quien las comprara de segunda mano. En mi caso me quedo a medio camino. Sin embargo, hay momentos en que se hace difícil sacar las miniaturas, o sencillamente no me apetece, como cuando juego en solitario. Por otra parte, —como me pasaba en los tiempos que era estudiante—, no podía comprar las miniaturas que quería.

Pues bien, un día quería probar Koenig Krieg. El juego trata de simular las batallas de la Guerra de los 7 Años y la de la independencia de Estados Unidos. Pero bueno, había que comprar miniaturas y no tenía ninguna ni posibilidad de comprarlas. Así que probé las reglas sobre un DIN A3 cuadriculado. El resultado fue que pude jugar en solitario un buen número de batallas de una forma parecida, aunque no exacta, a la del juego principal.

No voy a ponerme ahora exactamente a describir cómo adapté ese juego al cuaderno porque: a) francamente no me acuerdo y b) es muy difícil de encontrar. En vez de eso, prefiero dar unas pautas para que hagas tu propia adaptación.

A quién beneficia este juego

Pues sobre todo a quien tenga interés en el hobby pero no se pueda permitir jugar.

Si te falta dinero, las ventajas son obvias. Lo único que necesitas es un reglamento. Estos muchas veces se pueden conseguir gratis de Internet, incluso del propio fabricante, que piensa que así acabarás comprando sus miniaturas.

Si te falta una mesa grande donde jugar, o un lugar donde guardar las miniaturas, también es para ti.

Lo mismo si quieres probar un juego nuevo, o una nueva táctica para un juego conocido o enfrentarte a un ejército que no conozcas y no quieras comprarte las miniaturas ni complicarte demasiado la vida.

Y un tablero virtual, ¿por qué no?

Desde el paleolítico informático, cuando se vendía en diskettes, existen muchas opciones para jugar cualquier juego de mesa en el ordenador. Puedes usarlas perfectamente, es cuestión de conveniencia y preferencia de cada uno. En mi caso lo veo demasiado complicado para lo que ofrecen, salvo por la excepción —que no es poca— de poder jugar online con algún amigo.


Miguel de Luis Espinosa