¿Vives la vida zombi?

Abre tu cajón. Cuidado, es muy probable que descubras algún virus zombificador. Se presentan disfrazados de herramientas y referencias útiles, engañando a sus descuidadas víctimas. Tenemos entre ellas, la vieja webcam, aquel chisme que nunca usaste, el regalo de compromiso, el primer fascículo de una colección, los garabatos de un proyecto nunca emprendido y el más peligroso de todos: el por-si-acaso.

De por sí constituyen un estorbo a tus tareas, pero en períodos de estrés su virulencia aumenta hasta hacer de su hospedador, joven o viejo, niño o niña, un auténtico zombi.

Este es un post que llevo meditando mucho tiempo. La primera inspiración vino de la canción Zombie, protesta contra el IRA. Viene a decir la canción que esos terroristas viven anclados en 1916, que en sus mentes están luchando contra los cañones británicos en Dublín, pero la realidad es que han puesto una bomba y matado a un par de niños. Y el estribillo, no tiene desperdicio: “¿Qué tienes en la cabeza, zombi?”

¿Y si no fuera solo cosa de terroristas?

¿Y si todos tuviéramos algo de zombi?

Sin llegar a caer en el asesinato y el fanatismo, quizás estemos cometiendo otros errores, no tan trágicos pero igualmente absurdos.

“Cuando sea mayor…” Todos tenemos sueños de infancia, y algunos no los hemos cumplido quizás porque ya no nos interesan, son irrelevantes o imposibles. Y sin embargo, venga, pegados como percebes, viendo pasar la vida.

  1. “La revolución es el sábado, por la tarde, camaradas”. Y llega el sábado y pasamos de la revolución, porque la verdad es nuestras opiniones han cambiado, pero no tenemos narices de reconocerlo.
  2. Y si…” ¿Y si necesito esta regla de cálculo? ¿Y si resulta que …? ¿Y si todos esos “y si” retrasan tu vida y te llenan la casa de cachivaches inútiles?
  3. “Es un recuerdo”… que lo hicieron en Hong-Kong y puedes ver en internet siempre que quieras. Si no es algo verdaderamente emotivo y no tiene valor artístico es lastre, basura.
  4. “Yo soy un melómano”. También llamado el efecto “Traje nuevo del emperador”. Pasa entre los que se compran un Ipod -para ser 2.0- o los que tienen un blog que no dice nada o se suscriben a un club de vino cuando lo que les gusta es la cerveza. Una confesión: El Quijote ni me gusta, ni me disgusta. ¿Vale? Y el Kant es un pesado que no hay quien lo aguante. Estoy disfrutando a partirme de risa con “Una casa en el espacio” y, al mismo tiempo, me gusta Wittgenstein. ¿Algún problema? Pues quien lo tenga, le doy una calculadora, porque mentirse a uno mismo acelera el proceso de zombificación.

El verdadero problema

Me parece que vais entendiendo. Mirad, el problema no es tanto de productividad, ni de organización, ni de simplificar vuestra vida. La cosa es más grave:

Puedes estar viviendo en un mundo que ya no existe. Luchando la guerra que no es, como los Franceses, perfectamente preparados en 1940… para la primera guerra mundial.

Afortunadamente la zombificación puede curarse. Lo primero es observar, detectar a que proyectos estás vinculado pero que ya no te llevan a ninguna parte, que están en contra de los valores superiores de tu vida, que te resultan una pérdida de tiempo.

Y lo segundo, se resume en un archivo y en la papelera.

¿No estás seguro? Al archivo, al trastero o al garaje. Ponles fecha de caducidad. Toma un rotulador y escríbela en la caja. Si cuando llegue la fecha no lo has usado…

A la basura, sin piedad ni compasión.

¿O es que quieres ser un zombi? Mientras tanto, yo voy a ver si termino mi colección de playmobil, que es que bueno yo ya no juego mucho con ellos, pero claro es que sería una pena, porque en fin, son tan bonitos y traen tantos recuerdos, y se les puede pintar y comprarles cosas y, no ya no lo hago, pero a lo mejor a los primos de mis nietos podría gustarles y si así los almaceno, y los veo y ahora es que no tengo tiempo, no me viene bien, pero a lo mejor en unos días, meses o un año o dos…

Imagen de Wikicommons

Miguel de Luis Espinosa