Sonríe y palea

Piragüismo:

Abro con esta entrada la categoría de piragüismo en el blog. Deporte en el que no soy muy bueno, pero que me apasiona con furia. Esta entrada en concreto vale tanto para las piraguas como para la vida.

Cuando tengas problemas

El título de esta entrada me vino inspirado por el consejo de una entrenadora. En resumen la cosa es así: «cuando tengas problemas, sonríe y palea», que viene a ser justo lo contrario de lo que hacen los novatos: alarmarse y dejar de palear.

Pero no, tú, sonríe y palea. La razón estriba en que si sonríes te relajas. Tu cuerpo articula mejor, no eres un bloque rígido y te adaptas mejor a las olas. Eres uno con la piragua, reaccionas de manera natura.

Además, sonriendo lo pasas mejor. Eres más feliz y recuerdas la razón principal de todo este esfuerzo: practicar la alegría. Y si, a pesar de todo te caes, te mojas igual, pero lo haces más feliz, con más valor y mejor disposición para remontar.

La pala mágica en el cielo

Escuché está expresión al gran hombre. «La pala mágica del cielo no funciona». Un piragüista experto de nombre Howard cuyo apellido no recuerdo, pero es real. Si has estado en una piragua pasando apuros conocerás la situación: te rodean las olas, piensas que puedes caer e instintivamente sacar la pala del mar.

Error.

Concedo que para el novato es mejor sacar la pala del mar que clavarla hasta el fondo o hacer una otra estupidez. Pero al sacar la pala del agua pierdes la mejor herramienta que tienes.

La pala no es el cayado de un mago. Donde tiene que estar es en el agua. Sirve de apoyo en todo momento. No es preciso en ese momento de apuro que sea una palada preciosa, rápida, fuerte o técnica. Pero que esté ahí, apoyándote, dándote velocidad, que es lo que necesita tu embarcación para ser feliz. Y sí, no es fácil, pero si no lo intentas nunca lo conseguirás.

La pala es tu amiga. Piensa en el mar como si estuviera hecho de gel, es más denso de lo que crees

Todo el sosténque hagas con la pala lo ahorrarás del resto de tu cuerpo. En otras palabras: si no usas la pala será tu cuerpo el que tenga que hacer todo el esfuerzo para mantener la embarcación sobre el agua.

Además hay otra cuestión: camino malo, pasarlo pronto. Si estás en una situación incómoda o peligrosa, entre antes salgas del problema tanto mejor. Y no puedes salir si dejas de palear. Paleando puedes volver a la playa, refugiarte en una escollera, orientarte hacia las olas —en vez de dejar que te pillen a su antojo— o acercarte a un amigo. (Si necesitas mi consejo: palea siempre con amigos.)

Pero además de recordar todo lo anterior, el título de este blog, viene a la experiencia del kayak. Es esa sonrisa que se te pone naturalmente en cuanto aprendes un poquito. La sensación de cabalgar las olas. El olvidarse de todo, el no necesitar pensar, ser como un niño, como una águila, como un delfín. Disfrutar de cada respiración. Volver a la playa rendido, sin fuerzas, pero protestando por no poder seguir: a veces porque no dan de más los músculos, o por qué ya duele. Y entonces hacer un último sprint, reventando de alegría.

de Miguel de Luis Espinosa