Un libro que abandoné

¿Si un libro te hace sentir incómodo deberías abandonarlo? Y el autor, ¿debería abandonar un libro o redactarlo de otra manera solo porque pueda hacer sentir incómodo a alguien?

El porqué de esta pregunta

No desvelaré ni autor ni título. Sería descortés, incluso injusto revisar un libro con el que no llegué ni a la mitad. Podría hacerlo si fuera muy malo, un bodrio aburrido o hasta moralmente reprochable. Pero no era nada de eso. Más bien un sencillo libro de fantasía dentro de una secuencia de novelas que el autor llama novela río. Ningún hito literario nuevo, pero sí con un guion interesante.

Buscaba pasar los ratos de guagua, —diría autobús pero soy tan canario para esto que me saldrían ronchas— nada más. La descripción me gustaba, al autor no lo conocía pero precisamente ahí para mí está el aliciente. No esperaba un Señor de los Anillos, ni siquiera un Narnia, pero sí algo divertido con algún destello de profundidad de vez en cuando.

Lo que me topé fue violaciones a niños. No me refiero a algo descrito en tono pornográfico ni nada de ese estilo. Para dejarlo claro, porque vamos por terrenos oscuros, no encontré que el autor hubiera cometido nada inmoral o ilegal al escribir su obra. Pero es que no pude seguir adelante. Y no puedo decir que me pese, la libertad de expresión y de creación literaria tiene, entro otros límites, el de la libertad del lector a dejar de leer lo que le de la real gana. Sin otro freno que su propio capricho. De hecho la causa más frecuente para abandonar un libro es que se percibe como aburrido, mucho más que por estar mal escrito o resultar ridículo.

Sin embargo siento que me porto injustamente con el autor. Si acaso reconociera en estas líneas su novela —lo que es poco probable dado lo modesto de este blog—, solo puedo responder con un tópico. No es él, soy yo. No todas las novelas están escritas para todas las personas. Creo sencillamente que estoy fuera de su público; no quiero enfrentarme a ese tipo de emociones, lo reconozco, desde luego no cuando vuelvo a casa después del trabajo, inmerso en mi móvil.

Si un libro te hace sentir incómodo

¿Qué hago como lector?

En realidad no me topo mucho con este problema. Normalmente al elegir la lectura suelo acertar en lo que está en mi gusto. Y sí, no suelo escoger nada que de antemano sepa que me va a hacer sentir incómodo. No sé si es una opinión que me hacer parecer menos macho, intelectual, moderno o qué diantres, pero no me recomiendo a mí mismo jugar con las emociones oscuras; ni meterme en exploraciones que son más bien una carrera sin frenos.

Sin embargo tampoco lo dejé a la primera sensación de incomodidad. Ni recomiendo a nadie que lo haga. Hay que seguir adelante un poco más. Ver como evoluciona, si tiene visos de mejorar o si podemos adaptarnos. Pero tampoco obligarnos a ir donde no queremos, si va a peor y no nos sentimos preparados, mejor dejarlo. No hay que jugar con la sicología por un libro.

¿Qué hago como escritor, autocensura?

Desde el punto de vista del éxito literario la autocensura resulta absurda. El dejar un libro porque te haga sentir incómodo es una opción muy poco popular con apenas un 3,8%. Más bien aceptar sencillamente que no todos querrán leer porque escribamos, no solo porque piensen que sea aburrido, ridículo, el tema no les interese o no puedan conectar con el protagonista. Si no porque sencillamente les hace incómodos. Aceptar, poner buena cara, sonreír y seguir escribiendo. Esto son los bueyes con los que tenemos que arar.

Es exactamente eso lo que yo pretendo hacer. La novela que estoy escribiendo,»El diario de Guille», tiene también extremos duros. No puede ser de otra manera, es el diario de un adolescente en un escenario apocalíptico. No pasa más veces de lo necesario, pero ocasionalmente hay violencia, o recuerdos de violencias y de muertes y de afecciones sicológicas. Doy por hecho que a algunas personas les podría resultar incómodo leer sobre esas cosas. Aún con las prevenciones que yo mismo me impongo. Pero si dejara esos aspectos tampoco podría usar la novela para reflexionar, como intento, sobre la esperanza, el amor, o el sentido de la vida. Esos son los bueyes que tengo para arar. Aremos, pues.

Miguel de Luis Espinosa