Seiscientas

Seiscientas entradas. ¿Y qué decir? En realidad no son tantas si, como últimamente, publico todos los días. Pero es que publicar todos los días, trabajar todos los días infunde una especie de magia a la obra. Me siento cansado a momentos, no tanto por el blog en sí, sino porque el blog se une al resto de cosas que debo hacer. Por no hablar de mis distracciones e ineficiencias que uno luego tiene que pagar con fatiga.

Es como en la épica finlandesa. Ilmarinen, al que a veces se llama dios, pero más bien parece un héroe mítico, trabaja duramente para crear su magia. No solo eso ha de rechazar algunos objetos que son poderosos pero tienen un alma malvada. Sí, incluso Ilmarinen se equivoca, pero corrige sus errores inmediatamente. Y así hasta que consigue triunfar.

Una magia de esfuerzo y dedicación

Lo que se hace todos los días, si no es obligación, se ama. A veces incluso si es obligación se acaba amando. Porque termina siendo parte de uno. Estoy muy lejos aún de llegar a ese efecto con este blog. ¿Llevaré cuatro meses publicando todos los días? Algo así. Más incluso con ese tiempo quizás algo breve llego ya a ocuparme mucho por él y lo que publico aquí. Estoy seguro de que eso, con el tiempo dará sus frutos. Es una magia también de paciencia e ilusión.

Cambiarán estos números

La historia de Ilmarinen viene también a cuento de que puede que borre algún que otro artículo antiguo. No es que planee hacerlo pero podría pasar, con lo que esta entrada podría quedar por debajo del número 600. Por otra parte antes de escribir esta entrada ya había borrado unas cuantas, con lo que este es en realidad el seiscientos y treinta y pico que escribo, creo… En fin, tampoco es importante entrar en estas minucias, pero es que hay gente así de puntillosa por el mundo, como yo.

de Miguel de Luis Espinosa