¿Para qué sirve esta novela?

El lector sabe para qué sirve una novela cuando termina de leerla. Antes que nada sabe para qué le sirve a él. Puede que sea por cumplir una obligación, que será todo lo triste que quieras que alguien lea solo porque lo manda el profesor. Pero ya es algo. Puede que sea por diversión. Bueno, no es la mejor cosa del mundo. Pero ya es un algo mejor.

Si progresamos un poco podemos encontrar otros motivos mejores: disfrutar de la belleza literaria, integrarse en una comunidad de lectores, adquirir conocimientos, mejorar la expresión escrita, explorar el alma humana, sentir amor y otras emociones aunque sea de forma vicaria, vivir otra vida, escapar de las preocupaciones, aprender del autor, ¿sigo?

Llega un escritor libre y salvaje

Pues bien conviene tener presente el «para qué» de nuestra novela. Desde luego a la hora de planificarla, quizás no tanto a la hora de escribirla, pero sobre todo cuando toca editarla. Que, ¿por qué no tanto a la hora de escribirla? Muy sencillo, para tener libertad para escribir. A la creatividad no le gustan las reglas por muy elementales y obvias que estas sean. No me preguntes por qué. Es así, caprichosa como ella sola. Supongo que surge de un inconsciente que no es del todo racional; necesitas dejarte llevar y no interrumpir tu propia inspiración a cada rato buscando fallos. Así no funciona.

Que encuentra un editor severo y sereno

Sin embargo, a la hora de editar, es todo lo contrario. ¿No dijo Hemingway «Escribe borracho, edita sobrio», o algo de ese estilo? Espero que sí, dado que lo repite todo el mundo, y ahora yo. Lo dijera él o su portero, es un buen consejo.

Es en el momento de editar cuando debemos aplicar estas reglas. Esta frase, ¿sirve para algo? ¿sirve para lo que quiero? ¿es incompatible con mi mensaje? ¿lo necesito como contrapunto, para argumentar, para mostrar que hay puntos oscuros? ¿Que no soy, en realidad, tan listo? ¿Y este párrafo? ¿Y este personaje?

Lo que no sirva para nada, quítalo. Lo que pueda servir mejor, cambíalo. Y lo que esté perfecto, bueno, pues déjalo, no voy a ir explicando obviedades, que estoy muy cansado.

Miguel de Luis Espinosa