Organízate: Los nervios

Hace años, cuando era procurador de los tribunales, mi trabajo suponía ir de juzgado en juzgado y de oficina en oficina entregando y custodiando información muy importante. Importante como de te-vas-a-la-cárcel. Te imaginarás que, a veces, cuando las cosas eran muy serias me entraban los sudores fríos. Sobre todo al principio era muy neurótico, anotaba en la agenda toda la documentación que recibía y comprobaba que no faltara nada tres y cuatro veces.

Había noches que llegaba a conducir al despacho, de madrugada, para asegurarme de que no me había olvidado de nada. Ya no era como el colegio. Ahora lo peor que podía pasar no era suspender, sino que alguien siendo inocente perdiera su libertad o que alguien, siendo culpable, siguiera libre. Por no hablar de otro tipo de responsabilidades.

En aquella época sabía muy poco de organización personal. Creo que, como la mayoría de la gente, sabía un par de técnicas que había pillado por imitación, y creía equivocadamente que la organización depende de la personalidad que tengas. Y yo era de los creativos y artistas, no de los aburridos organizados, en fin. A la postre tenía que compensar con manías, con miles de comprobaciones mi carencia de un sistema de productividad y organización personal.

algunos sistemas son mejores que otros, pero todos mejor que la nada

Y sin embargo esos sistemas existen, los hay simples, válidos para casos concretos como Zen To Done o autofocus, de complejidad media y propósito general como Organízate con Eficacia de David Allen o incluso sistemas de diagramas GANTT, quizás exagerados para la organización personal.

¿Por qué te digo esto?

Te digo esto porque puede que tu estés pasando por los mismos nervios que pasé yo. Te digo que hay cura para esos nervios y no es, normalmente, pasar por un sicólogo, sino aprender a organizarse, que aprender se puede, sino para ser el Sensei mundial de la organización, sí para poder dormir tranquilo y cumplir con tus obligaciones.

Busca esos recursos, aprende. Ojalá alguien me hubiera escrito este artículo hace años y ojalá yo le hubiera hecho caso.

Miguel de Luis Espinosa