No es competición

Recuerdo un eslógan de una radio: El deporte es competición. Lo que es una soberana memez si se entiende literalmente. La palabra sport comenzó significando juego, diversión y los sentimientos de alegría que el juego proporcionaba. Luego, finalizando el siglo XIX, nació un movimiento cultural que veía en el deporte, entendido como actividad física, un medio para la mejora personal y colectiva, no solo en el aspecto corporal sino también mental, sicológico y social de la persona.

En ese entendido los deportes se ciñen a la gente rica y rara. Lo suficientemente cosmopolita para aceptar las tendencias de la época y lo suficientemente adinerada para gozar de tiempo libre. Es la era del Corinthian, sin s —equipo de fútbol que rehuía de competición que llevara premio de ninguna especie—, y de los Carros de Fuego. Incluso de las renacidas olimpiadas se excluye al deporte profesional, porque se vé en este una profunda contradicción con los propósitos del deporte.

Pero el dinero, las ansias del público de panem et circenses, la búsqueda de la gloria nacional —que Dios ha confundido—, y una sociedad que entiende por mejor lo más fuerte, ha convertido el deporte en competición y ésta en espectáculo.

Miguel de Luis Espinosa