Nadie debe morir

> Nosequién mató a alguien y luego se suicidió.

Y hay quien le da por pensar:

> Ojála lo hubiera hecho al revés.

Pero la verdad es que nadie debe morir. Ni por esa cobardía patética y mentirosa que es la violencia, ni por sufrimiento, ni por ver más salida que la muerte. Nadie debe morir. Morir, matar no arregla nada, ni siquiera consigue que otros sufran como tú, porque solo tú sufres como tú sufres. Crea eso sí, otros sufrimientos y otros odios.

No sé que siento cuando pienso en esta clase de asesinos suicidas. Desde luego no hay admiración de clase alguna, tampoco comprensión, ni siquiera curiosidad. No me fascinan. No tendría nada que decirles después de eso. Tampoco odio, supongo porque nunca me ha llegado demasiado cercanos. Como mucho ira, pero tampoco me dura demasiado. Tengo solo un corazón y el dolor que siento por las víctimas no da espacio para nada más.

Por eso prefiero hablar antes, por si es posible que sirva de algo; porque antes del crimen siempre caben palabras. Y estas palabras son que nadie debe morir. Que el mundo siempre es más grande que nuestro dolor. Tómese una mochila, camínese hasta el fin de los mares. ¿Qué puede perder quién está dispuesto a matar y a matarse? Nada. ¿Por qué no entonces, en vez de eso, emprender grandes cosas?

O, ¿por qué no?, mejor, ¿poner orden en la propia casa? ¿Qué no sirve de nada una terapia? Pruébese otra. De nuevo, ¿a qué se puede tener miedo? A nada debería temerse más que convertirse en asesino.

No sé que decir, me falta formación, supongo. Lo único que sé, claro como el día, es que nadie debe morir.

Miguel de Luis Espinosa