Minimalismo con fronteras

¿Qué es ser minimalista? ¿Tener menos de 100 cosas? ¿Vivir en una casa grande, pero vacía? ¿Tener un blog de una sola entrada? ¿Apuntarse a una moda? Si es así, que me borren, que cuando tenía doce años ya era muy mayor para eso. Yo creo que debemos establecer límites para todo y para saberlo nada mejor que responder a una pregunta: ¿para qué?

## Mis razones

¿Qué me ha llevado a mí a explorar el minimalismo? No ha sido la arquitectura, ni el diseño de interiores. He de confesar que me gustan las maderas, los colores cálidos, los ambientes rústicos y tener alguna figura de porcelana. Tampoco ha sido la tendencia de poseer sólo cien cosas. Ni llevar una vida viajera, ni la curiosidad de una moda.

Fueron las 5S. Sí, un método de productividad y organización industrial. Uno de sus principios, al llevarlo al lugar de trabajo, supone eliminar todo aquello que no sirva para la tarea que tenemos que emprender.

Después, le llegó el turno al tiempo que perdía en cosas absurdas. Es curioso, pero después de practicar kaizen un rato, ves inutilidades por todas partes. Y la del tiempo perdido es la que te hace más daño, porque no estoy hablando de hacer menos cosas a cambio de diversión. Es que es tan absurdo como hacer menos cosas a cambio de aburrirse delante de una pantalla de ordenador. Lo tercero es que me permite estirar mi sueldo. Al verme liberado de comprar cosas inútiles, la frugalidad deja de ser un esfuerzo virtuoso para hacerse algo natural. Algo que se puede incluso disfrutar. Esto lleva a que sea más fácil orientar la vida hacia lo que quiero hacer.

## Poner límites

Sabiendo las razones se hace fácil poner límites. A Everett Bogue tener menos de 50 cosas le permitió emprender un negocio con unos ahorros mínimos y cumplir su sueño de vivir donde quisiera.

Sin embargo, el mismo Everett, llegó a la conclusión de que hay que llegar hasta donde duela y que este punto es diferente para cada persona y que puede mejorar.

En los adolescentes, por ejemplo, los objetos pueden ser más que simples objetos. Pueden ser símbolos de los que cuesta mucho desprenderse. Por no hablar de que están más expuestos a la crítica, por partida cuádruple: amigos, clase, profesores y familia.

Un padre de tres hijos, ¿va a ir con cincuenta cosas por el mundo? ¿Debe el médico de un hospital abandonar su trabajo y poner un negocio online? ¿Debe tener una escuela el número mínimo de maestros? ¿Debe tener un blog minimalista un sólo post? ¿Debe ser una novela un cuento? Pues a lo mejor no.

Pues a lo mejor merece la pena irlo pensando e irlo actuando — las dos cosas a la vez — bien despacito.

Por eso, no voy a lanzar un campeonato de a ver quien tiene menos, en lugar de eso, y por ahora,

## Dos orientaciones

Así que nos quedamos con dos orientaciones: a lo que quieras llegar con el minimalismo — poniendónos pijos el criterio objetivo y tus propias capacidades — igualmente pijos el criterio subjetivo.

Sobre el objetivo, las razones para ser minimalista, ya me pongo a trabajar en un próximo artículo. Sobre el criterio subjetivo, pues ya os podéis poner a trabajar vosotros:

Deja de comprar tonterías hasta donde duela.

Deja de ver la televisión hasta donde duela.

Deja de malgastar el tiempo en “navegar por internet” hasta donde duela. ¿Sigo con la típica lista de “siete mil cosas que debéis dejar de hacer” o lo váis pillando?

¿Y cuándo duele? Para saber eso, creedme, no necesitáis la ayuda de nadie.

Miguel de Luis Espinosa