Los inútiles hermanos Wright

Eráse una vez una pareja de chiflados que como no tenían nada que hacer en su tiempo libre se pusieron a hacer planeadores. Unos trastos feos que solo servían para jugar y con los que era más posible matarse que ir para ningún lado. .

¿No deberían haberse dedicado a su negocio de verdad? Tenían un taller de bicicletas muy honrado, un negocio sólido de esos que entra la gente y te dan su dinero a cambio de un servicio honesto.

Pero no, este par de atolondrados se dedicaban a perder el tiempo jugando a inventores con un descaro tan patético como arrogante. No eran científicos, ni ingenieros, ni siquiera llegaron a terminar la enseñanza secundaria. De haber sabido algo de ciencia habrían sabido que era imposible construir nada serio con los materiales y los motores disponibles al principio del siglo XX.

—»Ah, pero fabricaron el primer avión», —objetará alguno.

¿Avión? ¿Se puede llamar avión a un chisme que volaba a 11 km/h y se mantuvo en el aire doce segundos porque ni su inventor podía controlarlo? Y eso, literalmente, empujándolo. Eso no es más que un chisme con alas o unas alas sin chisme. Total todo lo que hicieron fue enchufarle un motor, que tampoco habían inventado ellos, a unos planeadores que estaban más o menos copiados de otros planeadores diseñados por otros chiflados como ellos y que en realidad no son sino unas cometas sin cordel.

Todo ese tiempo y esfuerzo desaprovechado; todas esas inteligencias que tenían que haberse puesto al servicio de cosas serias. Si lo hubieran hecho ahora tendríamos más bicicletas y no los chismes con alas que vinieron después.

Menudo par de chiflados inútiles.

Miguel de Luis Espinosa