Los chicos de diciembre: una lectura amable

O una aproximación al conflicto.

Hace unos días terminé la lectura de “Los chicos de diciembre” de Ediciones SM, un clásico de la literatura juvenil australiana. Me dejó con una sonrisa de satisfacción, porque es de esas obras que me reafirman mi convicción de que la literatura juvenil es un marco idóneo para la reflexión seria y no mero entretenimiento.

Michael Noonan despliega en una divertida novela episódica el tema del conflicto con agudeza de filósofo. Tema, que en la película del mismo nombre se vuelve a plantear pero con perspectivas y conclusiones sutilmente distintas.

¿Pero de qué va?

Australia, años 30. Cinco chicos de orfanato, van a pasar el verano acogidos en casa de una excéntrica pareja. Allí se lo pasan de lo lindo en un pueblo marinero lleno de gente de lo más pintoresca que no han sabido superar la depresión del 29. Todo marcha muy bien hasta que se enteran de un tremendo secreto Sinmiedo, un antiguo motorista de exhibición, deportista y capataz quiere adoptar a uno, y sólo a uno de ellos. Desde entonces se desata una competición por ser el elegido.

Alerta: Desvelo el final

Quien desee ver la película o leer el libro, haría bien en para ahora. Porque no puedo comparar ambas, ni hablar de como ambas versiones tratan el tema del conflicto sin desvelar el final.

La novela avanza con una sutil mezcla de conflicto, humor y reflexión que recuerda a “Doctor en Alaska”, hasta un desenlace tremebundo. Después de tanta pelea, después de tantos enfados y sospecha, resulta que la supuesta adopción, sólo fue un pensamiento pasajero.

En la película el conflicto es más sutil, la competencia es menos feroz y acaba de forma heroica. Aquí la oferta de adopción se mantiene hasta al final, pero el afortunado acaba decidiendo que tiene ya una especie de familia: los mismos chicos de diciembre.

Dos perspectivas ante el conflicto.

Voy a despreciar la pregunta de si es mejor el libro o la película. Quédese para quien tenga más tiempo. Lo que me interesa son las dos perspectivas ante el conflicto. En la novela, no son sólo los niños, es todo el pueblo el que se debate en un conflicto permanente que no han sabido afrontar. Desde el pescador que necesita una suerte de Moby Dick, reencarnada en un mero, hasta el general retirado que rodea su casa de alambre de espino y se imagina que el pueblo es un campamento enemigo; desde el hombre que vive en la obsesión de construirse un barco hasta el político venido a menos que escribe en el jardín de su casa “No hay justicia”, todos los habitantes, estan enganchados a una lucha consigo mismos.

En la novela triunfan los protagonistas no tanto por superar la dificultad en sí misma, sino en afrontarla. Ellos, los cinco muchachos, y algún personaje más, triunfan precisamente porque, al afrontar la pelea, crecen. Las penurias se ven despojadas de romanticismo y gloria; incluso la violencia y el odio, aunque simbólico y contenido, se muestran sin enmascararlas, tan feas como son. Pero, y casi por eso mismo, el triunfo es tanto afrontar la adversidad y las propias miserias y usarlas de trampolín para crecer.

En la película la propuesta es mucho más heroica en el sentido clásico. Los héroes crecen con el conflicto y lo superan. Lo único es que al final, el muchacho que iba a ser adoptado es, singularmente, lúcido para apreciar lo que ya tenía antes.

En pocas palabras, ¿qué podemos sacar de aquí?

Que el conflicto da asco.

Que el conflicto saca lo mejor y lo peor de nosotros.

Que crecer, que madurar es afrontar los propios conflictos. Afrontarlos es ya, por sí mismo un triunfo.

Que hay gentes tan débiles que necesitan un oponente eterno ante quien enfrentarse.

Que antes de “aceptar un premio” hay que ponderar primero si tenemos que renunciar a algo que queremos más.

Y esto es todo, espero que este pequeño artículo os haga pensar un poco y quizás ir a leer el libro. Búscalo en una buena biblioteca o date una vuelta por tu librería. También puedes ver esta crítica de Javier Munguía

Miguel de Luis Espinosa