La Ley de los cuentos

Aunque hace tiempo que no juego a rol aún me gusta seguir leyendo artículos y nuevas reglas. En parte por nostalgia, en parte por la esperanza que muchas veces se hace realidad de una nueva partida y por fin porque muchas cosas son útiles también para escribir. He llegado incluso a escribir con dados y a usar técnicas de rol para determinar las consecuencias de los planes de mis personajes. Todo esto añade un poco de incertidumbre a mis cuentos, —algo que aprecio— aún al coste de arriesgar con la estructura. Pero por otro lado seguir dichas reglas ayuda a dar consistencia a mi relato.

Me explico, larga es la discusión sobre el máster de un juego de rol debe ceñirse estrictamente a las reglas o interpretarlas con creatividad. Mi propia opinión en este tema ha sido que no hay problema mientras se haga honestamente y todo el mundo esté de acuerdo. La mesa de juego de cada uno es un recinto sagrado y aunque todo el mundo puede opinar la decisión está siempre en manos de los que están jugando.

No obstante, en Roleplaying Tips se alerta que las reglas del juego nunca son estáticas. La narrativa del juego, los nuevos personajes que aparecen, la propia biografía de los personajes y las decisiones del máster que inevitablemente complementan las reglas publicadas van creando un cuerpo de reglas que también deben respetarse. Son reglas narrativas que pueden sobrentenderse o recoger de forma explícita como «un personaje secundario no puede matar a un protagonista», o, como ocurría en la novela gótica clásica, «la naturaleza siempre avisa de la llegada del Mal», (con una tormenta por ejemplo).

Esto crea un marco que puede parecer caprichoso, una constricción absurda a la creativa pero puede tener una razón perfectamente lógica. Ante unos jugadores especialmente paranoicos creé un sistema de colores. Cuando no había nada de lo que preocuparse la zona era verde, si el peligro era moderado reinaba el amarillo y rojo señalaba el peligro mortal. Así si veían unos peregrinos vestidos de verde sabían que podían relajarse, al menos por el momento. Por otro lado la mera mención del color rojo les subía la adrenalina.

Pero por otro lado la Ley de tu cuento te permite tener una especie de «mapa del tesoro pirata». No, no es perfecto y puede contener incluso falsedades pero al menos te permite guiar a los personajes y al mundo narrativo de forma que tenga un sentido coherente y homogéneo.

¿Te has preguntado cuáles son las reglas de tu mundo? ¿Te plantearías escribirlas o prefieres dejarlas en la nebulosa de tu mente?

de Miguel de Luis Espinosa