La casa muerta, koruton

Un niño no debería tener miedo a jugar, y si es verdad que la creatividad es lo que sobrevive a la adultez, —distinga este neologismo caprichoso de la madurez— tampoco debería tener miedo yo de jugar con las palabras. Valga esto de petición de permiso para crear mi primer koruton.

Dejando miedos atrás, la foto ilustra una puerta, no la principal, de la vieja casa muerta a la que mi madre rinde homenaje siempre que pasa cerca. Pertenece al mundo de ayer, de una familia que gustaba de jugar con las palabras y la cultura, en una época que se difuminó en nubes hace más de cincuenta años, que el tiempo ha cerrado para siempre, dejando recuerdos y nada más.

Miento, también imaginaciones, para aquellos que nunca la conocimos, que solo oímos hablar y contar, transformamos la vieja casa junto a la estatua de Agustín Espinosa en nostalgia de un pasado feliz que, para nosotros nunca existió porque nunca estuvimos ahí.


esconden tesoros
los restos de la casa muerta
teatro de familia

Miguel de Luis Espinosa