Vamos a jugar al deporte

Para ser feliz hay que jugar.

En el parque que hay junto a mi casa, los adultos corren circuitos y los niños juegan. Los adultos miran al reloj para comprobar cuanto les queda todavía por hacer. Los niños querrían que el juego no acabara nunca. Los adultos se sienten culpables si se aburren, los niños juegan a otra cosa.

Hace un par de noches decidí jugar en vez de hacer ejercicio. En realidad es casi lo mismo, sólo que mil veces más divertido.

¿Qué es jugar?

Por si lo has olvidado, jugar es vivir. Jugar es

una actividad,
leve
individual o social, aunque preferentemente social con:
una reglas determinadas,
orientadas a un fin concreto que nos gusta mucho.

Aunque ese objetivo sea imaginario; especialmente si es imaginario. Cuando un niño juega al futbol, juega ser su futbolista favorito. No es él, sino Cristiano Ronaldo el que marca el gol. El juego le ha convertido en CR9 1/2. Cuando sube a un aparato está subiendo una montaña, cuando se columpia, vuela. Y no es que se crea que eso éste pasando de verdad, sino que hace como que se lo cree.

Esto lo cambia todo. El juego tiene en común con la fiesta que es capaz de romper con la vivencia mundana del tiempo. Cuando juego el tiempo tiene el sentido que le den las reglas. Si las reglas no hablan del tiempo, el tiempo nos parece que no existe.

Y es importante, porque ya no perseguimos un objetivo lejano, borroso, utópico y del que estamos medio-motivados: “voy a adelgazar”

Sino uno concreto, cercano, que amamos intensamente y que el juego hace posible: “voy a correr hasta Samarkanda”, “voy a ser CR9, ahora”, “vamos a volar con los pájaros”

El juego hace posible que el circuito, el parque en que corres, sea la ruta de la seda. Pero para que la imaginación funcione ha de tener una aliada: la levedad. La levedad permite al juego ser alegre, ágil, sorprenderte a cada paso. Hemos convertido al ejercicio en algo tan serio que acaba siendo trabajo, los gimnasios una oficina, hasta con su máquina de café y su rutina industrial. Ya sólo nos faltaría entregar informes.

Pero hay una alternativa. Y es ver las cosas desde el punto de vista que más nos guste, y crear reglas para nuestros sueños.

Veo un árbol en el parque.

Mi punto de vista: No es un árbol, es el Bosque Sagrado

Regla: Si doy tres vueltas al árbol, a todo correr, protejo el Bosque Sagrado del fuego.

Regla: Si hago tal o cual cosa junto al árbol (¿abdominales?), el árbol me ortogará este poder

Para crear estas reglas es imprescindible la levedad. No tomárselo demasiado en serio, dejarse ir, dejar fluir, dejar de leer un manual, no intentar ser un niño, ser el río y dejar que el río te lleve

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Miguel de Luis Espinosa