Internet no es obligatorio

Internet no es obligatorio. El correo electrónico es prescindible. Puedes pasar sin Twitter, Facebook o cualquier otra red social. Eres libre de estar al tanto de la última tendencia en la red o de ignorarla. Lo más probable es que tenga escaso efecto en tu vida normal.

Sé que nos prometen un camino al éxito a través de las pantallas de ordenador. Tenemos herramientas poderosas con las que nos imaginamos cambiando al mundo. Una de ellas era la televisión, ¿tienes edad para recordar cuando se elevaba ese medio de comunicación a herramienta transformadora de la sociedad? La televisión iba a servir para que la cultura llegara a todas las capas sociales. ¿Ha sido así? Sí, desde luego yo, a los doce años, no hubiera conocido a Eisenstein, por ejemplo, pero ahora mismo, a través de la puerta de una habitación solo escucho ese ejercicio de confusión y gritos que ahora osan llamar debate.

Mienten o se equivocan

Creo que en Internet está pasando lo mismo. Ya no es el refugio de la cultura —aunque fuera la cultura de ciencias— de sus comienzos, sino que el mundo entero se ha introducido en Internet y sacar algo bueno de ella requiere una disciplina constante o nos volveremos a dejar arrastrar por una promesa eterna de distracción.

Desconfía del que califica a la red como obligatoria o imprescindible. Desconfía también del que te anima a irte a la red como un camino seguro a la riqueza —aún con esfuerzo y la técnica adecuada. Eso se puede decir también de la agricultura o de cualquier actividad económica. Internet ya se ha convertido en otra herramienta más a tu servicio. Y sí, cualquiera puede empezar un blog, pero hace falta muchos más conocimientos que eso para hacer que funcione.

Volver a los libros, al sol y a las manos

Te propongo una alternativa cultural: vuelve a los libros, al teatro, al arte. Impide que la red o el móvil te invada esos espacios. Rebélate contra la obligación de comprobar una y otra vez de lo que está pasando.

Estamos gordos de teoría y anoréxicos de práctica

Corre, nada, salta, canta, sonríe. Eso es más sano que buscar información en busca de la dieta más sana. Estamos gordos de teorías —¡y si al menos fueran buenas!— y anoréxicos de práctica. Hay suficiente inspiración bullendo en cualquier plaza como para escribir mil novelas. Puedes pasar sin ver otras mil fotos.

Pinta, con pincel. Dibuja, con lápiz. Crea algo que merezca la pena compartir y entonces, sí, compártelo. Medita, deja que pase el tiempo, piensa profundamente o deja a los pensamientos flotar; tu imaginación necesita jugar para no morirse de adultismo.

Preguntas para la reflexión

Miguel de Luis Espinosa