Falsos deberes

Mis peores experiencias en Internet siempre tienen el cariz del falso deber. Es el blog que supuestamente debo actualizar todos los días. Es el debate en el que debo intervenir. Es el artículo que debo responder porque, como dice el chiste: Esto es importante, alguien está equivocado en Internet.

En realidad todas esas obligaciones son falsas y lo peor es que, cuando me enfrento a las vida verdadera, como jugar con mis sobrinos, me hacen sentir culpable.

Veo esta tendencia en mucha gente en Internet, y también en la vida offline. Hay algún momento extraño en que encerramos aquello que nos apasionaba en reglas absurdas de las que nos da miedo separarnos, no sea que perdamos nuestra pasión.

Conviene que examinemos esas reglas y hábitos, no sea que hayan perdido sentido. Por ejemplo: te apuntas a un club de tu afición favorita; durante dos años disfrutas, aprendes y te desarrollas. Pero llega un momento en que, por la razón que fuera, ese club se convierte en otra cosa, quizás en un simple club social. Si ese club ha cambiado puede que aún desees quedarte, pero no necesariamente con el mismo compromiso que antes. O digamos que estás en un partido político, y eres tú el que cambia de opinión, ¿deberías seguir militando?, quizás, ¿deberías presentarte a las elecciones? Seguro que no.

El peligro especial de Internet es que tendemos a creer que nos quita “poco tiempo”. Ya sé que ahora no, pero cuando estás metido en algo siempre parece que son sólo “cinco minutitos más”.

Por eso te pido que examines tus costumbres online y actúes en consecuencia. Si una página, foro o blog ya no te aporta nada, deberías considerar cambiarlo por algo que te aporte valor, ya sea online o offline. Por ejemplo cambia el foro de pintura por pintar, o quizás por llevar tu propio blog; piensa que la vida está hecha para nadar, no para dejarse llevar por la corriente.

de Miguel de Luis Espinosa