El ladrón de corazones

Solo un sencillo cuento que escribí mucho antes de tener canas…


Muy lejos, hace mucho tiempo, cuando las hadas aun moraban los bosque y los animales del campo no tenían miedo de las personas vivía un príncipe en un palacio de mármol celeste. Se llamaba, quizás, Dani y tenia doce años menos un día.

Dani era muy feliz porque dentro de dos noches le pondrían su ropa nueva. Además habrían una gran fiesta de cumpleaños y ya nadie, nunca mas, le podría llamar niño. En su país, así lo decía la Ley, cuando cumplías doce anos dejabas de ser niño, te daban ropa de mayor y lo mejor de todo: un nuevo nombre.

A Dani le gustaba su nombre, estaba bien para un niño, pero le parecía poco impresionante para un rey. Solo esperaba que no le llamaran Espadarovilisgo como a su primo mayor o peor, Krantakokokokroko como a su abuelo. ¡Todo menos eso! Hasta le había escrito una nota a su madre: Krantakokokokroko NO. ¿Le pondrían Krantakokokokrokono?

Salvo por esas pequeñas preocupaciones Dani estaba muy contento y decidió salir a jugar al bosque. A partir del día siguiente solo podría jugar a cosas de mayores así que había que aprovechar el tiempo.

Caminó por el mismo sendero de todos los días entre las flores y las moras. A su paso, los pajaritos piaban felices porque sabían que Dani no les iba a hacer daño. Todo era como siempre pero cuando llegó al claro donde jugaba con sus amigos se encontró solo.

Dani se enfadó. Era su último juego y sus amigos iban a llegar tarde. Se sentó con la cara roja pero enseguida se le pasó el enfado porque ese día estaba muy feliz. En lugar de eso se tumbó en la hierba, miró al cielo y empezó a pensar en todas las cosas que haría cuando fuera mayor.

De repente sintió como un pequeño gusano eléctrico que le corría por todo el cuerpo. Miró a la derecha, mejor dicho, intentó mirar a la derecha, pero no pudo mover la cabeza. Trató de levantar las manos, pero se quedaron donde estaban. No pudo girar el tronco, ni tampoco mover las piernas. ¡Estaba paralizado!
Entonces apareció en el cielo, montado en un gran disco de acero, el brujo. Dani lo reconoció por los cuentos que le había contado su abuela. Vestía siempre de una túnica en rojo y negro, llenas de bordados de oro. Sobre su cabeza llevaba una corona de cristal con seis puntas y en cada punta llevaba una palabra y todas juntas decían: «Yo soy quien tiene el poder».*

Dani quiso correr, pero no pudo. Intentó gritar, pero tampoco se le movían los labios, ni siquiera podía cerrar los ojos. No podía hacer nada. El brujo se le acerco en su disco y cuando estuvo junto a el, se bajo. Entonces de su ropa saco un cuenco y una botella de acero. Puso en el cuenco un liquido rojo y se lo hizo tragar a Dani que, por supuesto, ni pudo cerrar la boca. Luego, sin decir nada, le encadeno de pies y manos y le subió al disco.

Se subió después el brujo y salieron volando. Pasaron por encima de bosques y montanas, praderas, ciudades y desiertos hasta que por fin llegaron al castillo. La fortaleza, que descansaba sobre la cima de una montana, era completamente negra, lisa y sin adornos. Sus ventanas eran pocas y estrechas y su única puerta estaba en el techo. Solo volando podía entrarse porque las paredes de la montana eran puro precipicio.
Cuando entraron el brujo lo puso encima una mesa de piedra negra y le dijo.
«Habla, ya se te tiene que estar pasando el efecto del hechizo».

Era verdad, Dani podía mover la cabeza y, un poco, los dedos de los pies.

«Por que me has traído aquí?»

«Para que seas mi esclavo. Bien, Como te llamas?

«Dani» No le dijo que era un príncipe para que no pudiera hacer chantaje a su país.

«Bien, ahora ya no tienes nombre sino numero, a partir de ahora eres el 59».

Dani que estaba muy débil para hacer nada y menos aun encadenado se quedo callado. El brujo le miro fijamente pero no dijo nada y luego dio una palmada.
Entro entonces 35, un niño que llevaba dos cajas de luz azul. Sin decir palabra, sin atreverse a mirar a Dani, entrego la primera al brujo. Este abrió la chaqueta y la camisa de Dani y le puso la caja sobre el pecho desnudo. Estaba muy fría y húmeda, aunque era toda de luz azul y algo dentro de ella palpitaba Entonces el brujo pronuncio unas palabras blasfemas y lanzo un alarido como de lobo rabioso. El grito mato el aire, tomo por asalto el suelo y se aferro a las paredes un segundo. Allí se hizo odio puro y concentrándose, se precipito sobre el cuello del pequeño príncipe.

Dani sintió que le habían quitado el corazón. No sabia como pero su corazón había pasado a la caja. Dani se dio cuenta de que se moría, pero no podía hacer nada. Entonces el brujo cogió la otra caja y la puso encima del pecho. volvió a pronunciar otras palabra y Dani sintió que otra vez tenia corazón, pero era un corazón distinto. Este corazón tenia miedo.

Entonces el brujo le cambio sus ropas por unas de esclavo: una camiseta y unos pantalones grises y nada mas, ni siquiera unas sandalias. Lo desencadeno y volvió a llamar a 35.

Llévatelo al dormitorio y mañana ponlo a trabajar en la fabrica.

Ven, apoyate en mi. Le dijo 35 a Dani. Este ahora sentía mucho miedo y cansancio, así que se apoyo en el niño y se dejo llevar a la cama.


A la mañana siguiente Dani se levanto cubierto en sudor. había pasado toda la noche con pesadillas.

«Eh, 59! Estas bien?» Le dijo 41, una niña, sonriendo.

«No» Contesto balbuceando. Dani se sentía como en el fondo de un pozo. Ya no estaba en su castillo, con su pijama de príncipe, ni en una cama de caoba, esperando su gran fiesta de cumpleaños. En vez de eso estaba en el castillo del brujo, con unos calzoncillos que pican, sobre un colchón de paja, sin saber que le iba a pasar.
«No te preocupes por las pesadillas.» Le conforto 41. «Es por tu nuevo corazón, que tiene miedo a todo. Pero no te preocupes, ya te acostumbras.»

«Gracias, me llamo Dani.»

«No digas tu nombre! Esta prohibido. Ni lo pienses, es mejor así.»

41 lo dijo casi temblando de miedo e inmediatamente Dani tuvo tanto miedo de su nombre que casi deja de respirar.

«Tranquilo, relájate, ya paso todo 59» Dijo entonces 41 mientras le acariciaba la frente y, poco a poco, Dani recuperaba la respiración. «Es por tu nuevo corazón, 59, ya no tienes un corazón normal, sino un corazón de miedo. Por eso tienes miedo a todo.»

«Ya.»

«Ven vístete, 59». Le dijo mientras le acercaba sus ropas de esclavo.

41 hubiera sido bonita, pero los esclavos solo podían bañarse una vez por semana. Además llevaba la misma ropa de esclavo que todos con su numero marcado bien visible. Tenia el pelo desordenado y los labios agrietados, pero en el fondo de sus ojos tintileaban las estrellas.

Dani se puso la ropa sin mucho afán pues todavía tenia el cuerpo rígido. Además sentía algo extraño, como si todo estuviera mal.

«41» Pregunto todavía sentado y a medio vestir. «Que me pasa?»

«59, ibas a cumplir doce anos hoy, verdad?»

«Pues si» Respondió Dani sin saber muy bien que tendría eso que ver.

«Bueno, pues no los has cumplido, hoy has vuelto a cumplir once.»

«Que?» Contesto Dani pensando que no había oído bien.

«El brujo te dio una poción roja. Con esa poción ya nunca mas podrás crecer, seras siempre un niño. En todos tus cumpleaños siempre cumplirás once y así hasta que se apague el sol».

«O sea, para siempre»

«Si»

«Bueno, acaba de vestirte y ven conmigo, ya iras aprendiendo todas las cosas poco a poco.»


Luego 41 guió al príncipe hasta la fabrica que era una gran sala con una maquina gigantesca en el centro. A su alrededor pululaba un hervidero de niños que se afanaban en el trabajo. Algunos apretaban tuercas, otros pulsaban botones o estaban atentos a los muchos indicadores que surgían por doquier. Otros apilaban cajas de dientes de dragón, ojos de sapo, puntas de estrellas de mar y otras materias primas exóticas.

«Que fabricamos aquí?» Pregunto Dani.

«Pociones. Metemos las materias primas por el conducto de entrada superior y, bueno, después de muchos pasos nos sale una gotita de poción. El brujo luego las vende y se hace rico. Pero no preguntes para que sirven: esta prohibido».

Era verdad, a Dani de solo pensarlo se le puso un nudo en la garganta, tenia tanto miedo que quería gritar.

«Bien, empezaras limpiando el suelo, ahí tienes un cubo y un cepillo. Si tienes alguna duda avisame. Yo estaré atendiendo los conductos de extracción lumínica.»

Paso así el resto del día limpiando de rodillas sobre el suelo. La verdad es que se sentía un poco tonto porque todo el mundo seguía pasando y apenas quedaba limpio alguien dejaba caer moco de gigante, o tierra de volcán o alguna cosa mas asquerosa.

:Al finalizar el día, cansados como muertos, fueron a cenar su puré blanco de papas y cebollas. Después volvieron a dormir.

Los días se fueron sucediendo uno tras otros. A veces podían jugar, otras estaban todo el día dándole a la maquina. A veces venia el brujo a castigar a alguno pero eso solo pasaba cuando alguien se equivocaba porque todos tenían un corazón de miedo y nadie se atrevía a desobedecer.

Dani sonaba con escapar pero ni miraba las ventanas porque tenia miedo. Hubiera querido ser mas gandul pero no lo hacia porque tenia miedo. Sabia que lo que pasaba era injusto pero no se quejaba porque tenia miedo. Se comía siempre todo lo que le ponían y se iba a la cama a la hora que dijeran porque tenia miedo.

Así el brujo no necesitaba ni cadenas ni vigilantes ni llaves. Sus esclavos eran niños que nunca podrían crecer, tenían un corazón de miedo y estaban en el fin del mundo.
Dani, aunque triste y humillado, se acostumbro a esa vida. Se conformo con tener solo un pantalón y una camisa, a dormir en calzoncillos, a comer cualquier cosa y a trabajar días enteros. Sin embargo nunca renuncio a su corazón, pero claro, tenia demasiado miedo para ir a buscarlo.

Fueron pasando los anos. En el palacio dejaron de buscarlo. Luego murieron sus padres y fue su primo mayor Espadarovilisgo quien heredo el reino. Aun pasaron muchos anos mas, pero en el castillo del brujo nada cambiaba. El brujo nunca envejecía y todos los niños, el día de su cumpleaños, cuando iban a cumplir doce, volvían a tener once.
Dani, en todo ese tiempo, no olvido su corazón. En la mañana recordaba la chimenea de su habitación, por la tarde la comida de palacio, de noche su pijama siempre limpio y sus sabanas de seda y como su abuela lo acurrucaba en la cama. Siempre todo eso recordaba, hasta que un día, el día mas importante se acordó de una cosa mas. Todas las noches antes de dormir su abuela rezaba y le pedía a Dios que le diera a Dani un corazón con orejas.

Entonces aquella noche, en calzoncillos, sobre el saco lleno de paja que le servía de colchón rezo: «Dios, por favor, dame un corazón con orejas».

Si, era una oración mediocre a decir verdad. Sucedía que en su reino su abuela era la ultima que rezaba porque todos los demás habían olvidado a Dios. Por su parte Dani nunca lo había conocido hasta ese día. Esa ea lo única oración que se sabia y tal cual la repitió. Dios, que juzga con el criterio del amor, amo su pequeña plegaria y al día siguiente le abrazo.

Fue en uno de esos escasos días de juegos cuando la fabrica se paraba y el brujo se retiraba a dormir. Dani, jugando al escondite, se separo de sus compañeros y acabo en un pasadizo oscuro en el que nunca había estado antes. Bajo sus pies el piso se iba transformando en tierra mientras que, a cada paso que daba, la luz desaparecía. Pronto el camino se dividió en dos ramales y luego en tres, que se torcían a derecha e izquierda, como en un laberinto. Paso por tres cruces hasta que se supo totalmente perdido. Entonces, delante de el, tras una esquina supo que se le acercaba algo, y tuvo miedo.

Miedo si, pero no un miedo normal. No venia de su corazón sino de fuera, ni de aquel algo, venia de todas partes y de ningún sitio e ignoraba por que. Al mismo tiempo, tremendamente, el algo le atraía, sentía su amor mientras sentía apretaba los dientes y le temblaban los dientes y entonces…

… a pesar de su miedo, avanzo. Un paso, un susurro, un angustioso latido… y, al doblar la esquina encontró un rostro que le sonreía. Era un niño, 77 según se leía en su uniforme de esclavo pero era mas que un niño. Dani sentía que le conocía pero al mismo tiempo no sabia quien era.

«Hola, Dani»

«Mi nombre, ha dicho mi nombre.» Pensó Dani temblando y sin saber si correr de miedo o abrazarle acabo por contestar tímidamente al saludo.

«Hola, quien eres?»

«Soy un mensajero de Dios. Quiere que sepas que te quiere y que ha escuchado tu oración. A partir de ahora tu corazón de miedo escuchara Su voz Aunque tiembles de angustia tendrás fuerza para hacer el bien, porque Dios estará contigo siempre.»

Entonces el ángel se abrazó a Dani y desapareció. Desde entonces pudo oír la voz del Señor dentro de el y fue así como, guiado por el, volvió con sus compañeros.

Esa noche, cuando se fueron todos a dormir 59 susurro una sola palabra: Dani. Casi se muere de miedo al pronunciarlo, pero lo dijo y se sintió muy feliz. Luego dijo:
«Dios, espero que no te enfades, pero quiero tener mi verdadero corazón aquí conmigo.» A Dios le pareció bien.

Dani entonces se volvió a vestir y salio del dormitorio. Inmediatamente sintió como si se le hundiera el pecho, pero a pesar del miedo continuo. Subió las escaleras agarrándose con las dos manos al pasamanos, pero las subió. Llego entonces a la sala donde el brujo guardaba las cajas de luz azul, a la misma sala en la que durante 66 anos no se había atrevido a entrar y entro.

La sala era sola una gran habitación oscura llena de arcones de acero. Inmediatamente el miedo le estranguló la garganta, pero el siguió adelante. Fue al arcón marcado con el 59, lo abrió y lo envolvió una luz azul. De pronto su corazón de miedo latió como el de un ratón perseguido, sus pulmones se negaban a respirar y entonces Dani se dejo caer hasta sentarse en el suelo. Dios pensó en el y el pensó en Dios:, poco a poco se fue calmando. Entonces, de un salto se levanto, agarro su caja, cerro el arcón y volvió corriendo a su cama. Esa noche durmió con la caja de su corazón al pecho.

Seis noches mas durmió así feliz de tener su verdadero corazón consigo. Siguió con su vida normalmente y, al llegar a la séptima noche se puso a llorar. Tenia su corazón tan cerca, dentro de esa caja de luz, pero no podía metérselo.

Fue esa misma noche cuando Dios lo dejo pasmado. «Dani», le dijo, «quiero que hagas una cosa por mi.»

«Aquí estoy», contesto Dani.

«Te atreverías a ir a ver al brujo ahora?»

«No puedes mandar a tu ángel? A mi me daría mucho miedo.»

«Claro que si Dani, pero quiero y seria mejor que fueras tu».

«Bueno, iré, pero no se si podre»

«Muy bien, solo una cosa mas» dijo Dios como si se hubiera despistado, «llévate la caja de luz».

Inmediatamente a Dani se le ilumino la cara. Claro! Dios iba a obligar al brujo a devolverle su corazón. Por fin se acabaría todo!

Salio al pasillo contento, abrazando la fría caja de luz. Silenciosamente se dirigió al centro del castillo, donde vivía el brujo, hasta llegar a la misma puerta de su habitación. Era un doble portón de roble, cubierto de letras rúnicas y de símbolos bestiales y malditos, que en un idioma oscuro, demoniaco, antiguo y blasfemo decían palabras que no podría traducir sin volverme loco. Sobre el marco, sobresaliendo como en un relieve, habían esculpido un corazón de piedra y, debajo de este, una sola palabra: poder.

A Dani le palpitaron los ojos y el borde de las manos, cabizbajo miraba al suelo, como pidiendo permiso a Dios para volverse a atrás, pero de su corazón salio una palabra: «Valor»

«Dios», pensó Dani, «Como voy a tener valor si soy un cobarde como una cucaracha»

«Dani», respondió Dios, «Tu no eres ningún cobarde. No te insultes, porque yo te quiero.»

«Pero no ves que tengo tanto miedo».

«Tienes miedo, pero no eres un cobarde. Ahora, vas a ser un héroe».

«Como Señor, si soy un niño?»

«Entraras a ver al brujo y seras mi mensajero.»

«Dios», contesto Dani, «Si quieres lo haré, pero no se si lo haré bien. No podrías mandar a tu ángel?»

«Podría, pero hoy es mejor así» Replico Dios pacientemente.

«Como quieras», contesto Dani, «pero si me sale mal, perdóname.»

«Bien, despertaras al brujo y le dirás: el Señor, mi Dios, ha escuchado tu oración y viene en tu ayuda.»

Dani se quedo callado.

«Se lo que estas pensando, Dani, y no estas loco»

Dani entonces abrió la puerta y entro. Por supuesto que no estaba cerrada con llave, el mago sabia que los corazones de miedo de los niños nunca les dejarían entrar sin permiso.

La estancia se fue llenando de la ambarina luz del pasillo y, entre las sombras, fue perfilándose la cama del brujo Los ojos de Dani primero descubrieron las retorcidas esquinas, luego la manta y por fin el almohadón de raso negro y oro, pero el brujo no estaba.

Entonces se volvió a abrir la puerta y el frío se hizo dueño de su espalda.

«Dime, 59, por que debo colgarte de los pies?» Anuncio grandiolocuentemente el brujo.

59, es decir Dani, se quedo congelado sobre sus pies mientras el brujo, lentamente se le acercaba. Dani solo pudo escuchar los pasos de sus botas hasta que la gélida mano malvada agarro su nuca.. Entonces el brujo le dio la vuelta y le miro a lo ojos…

«Dime», le susurro, «Que ibas a robarme?»

«Nada, vine a decirle una cosa.»

«Mientes? Bien, continua, esto va a ser divertido»

«El Señor, mi Dios, ha escuchado tu oración y viene en tu ayuda.»

«Vaya, si que ha sido divertido… A ver…como era ese conjuro…»

«La oración que rezaste hace hoy mil anos, bajo tu cama, el día antes de que cumplieras doce anos, cuando te secuestro el antiguo brujo». Dani lo dijo sin saber como supo eso, pero el brujo se quedo pálido, trago saliva y enrojeció rugiendo.

«Dile a tu Dios que ya es tarde, que yo gobierno mi vida y tengo el poder.»

«Si es así, por que lloras por las noches?»

«Ni no! Te gusta el corazón que te puse. A mi me dieron uno de piedra. Tengo poder, tengo la fuerza de los infiernos y toda la sabiduría de mil demonios! Niño! Como te atreves a juzgarme!»

«Pero lloras» replico sencillamente Dani «y antes eras feliz»

«Ya no, pero para mi ya es muy tarde, o es que Dios me va a dar un nuevo corazón?»

«Si» Dani se rompió de dolor mientras le acercaba la caja donde bajo la luz azul palpitaba su corazón. «Dios» dijo Dani, «me das permiso?

Y Dani supo en su corazón que si y, llorando, dejo su corazón a los pies del brujo.

No!! Grito el brujo y trato de salir corriendo, pero tropezó con la caja y cayó al suelo perdiendo su corona de cristal que se desintegro en miles de cristales. Entonces rompió a llorar como un niño pequeño. Si, Dios, renuncio a los poderes del infierno…

Antes de que el brujo terminara la frase ya tenia latiendo dentro de si el corazón de Dani. Entonces todo el castillo fue inundado por una luz blanca y una voz del cielo clamo: Ya no te llamaras Brujo, sino que hoy recuperas tu verdadero nombre: Bendecidor, porque la bendición que hoy te mando gratis, gratis la darás.

Y fue una noche, y fue una mañana. Dani se despertó en el día de su cumpleaños entre sabanas de seda y con pijama de príncipe. El aire traía aromas de bollos y chocolate caliente de la cocina. En el alféizar de la ventana un curiosos gorrión se había posado y en la dorada luz de la madrugada volaban sus trinos. Por un segundo Dani se pregunto si todo lo había sonado, pero todos sus amigos del castillo habían amanecido en palacio con el. Su madre, la reina, le regañó por haber invitado a tantos amigos desconocidos, pero el estaba tan feliz que todo le daba igual. En su corazón escuchaba «Para mi nada es imposible.» y el respondía «Gracias, Dios».

El cumpleaños fue fantástico, haciéndose todo según la tradición, salvo una cosa: el nombre. Dani no dejo que le cambiaran el nombre. Aunque paso muchísimo miedo, porque su corazón seguía siendo el de miedo, no se dejo. El se llamaba Dani, Dani! y así seria por siempre.

Pasaron los anos, el príncipe Dani se convirtió en el rey Dani y gobernó con justicia. Se caso con 41 y tuvieron muchos hijos e hijas. Vinieron tiempos peligrosos y paso mucho miedo pero nunca fue un cobarde, porque siempre hizo lo que tenia que hacer. Vivió muchos anos y murió un cálido día de agosto, durmiendo en su cama, el mismo día que todos sus amigos y tu, cuando vayas al cielo, podrás hablar con el…

En cuanto al antiguo brujo, ahora llamado Bendecidor, bueno, el fue por el mundo bendiciendo a los pobres y a los huérfanos, haciendo bien toda su vida, transmitiendo el mensaje de Dios y contando esta historia y así fue como, faltando un día para cumplir doce, me entere yo. No se porque, pero no envejecía, a lo mejor por tantas pociones. Puede que aun siga vivo y te lo encuentres, quizás cuando te falte un día para cumplir doce

Fin

Miguel de Luis Espinosa