El sabio no es sabio

Iba a enlazarla, pero, ¿para qué? Era una de esas entradas que te explican lo que hacen los minimalistas y los beneficios que obtienen. Que no compran cosas, que no malgastan el tiempo, que meditan todas las mañanas, hacen los deberes y recitan lo de cuatro esquinitas tiene mi cama todas las noches. Solo que no lo hacen. Deberían, deberíamos, pero, el alma humana se cansa, se despista y quiere jugar. Comprar cositas, ahora que no nos ve nadie… Un poquitito de Internet… vivir un poquito, ¿no?

Hipocresías y naturaleza humana

Y esto, sí, tiene parte de defecto. Pero mirad, más que los defectos de una república corrupta temo las virtudes de una dictadura honrada. Más que nada porque las dictaduras nunca son honradas. Solo mantienen la fachada del hombre fuerte y virtuoso que rige nuestros destinos y esconden toda su caterva de ladrones, que viven al amparo del estado. Ah y esto a izquierda y a derecha. Y a centro si fuera posible una dictadura de centro.

La hipocresía no consiste en hacer cosa distinta de lo que se defiende. La hipocresía consiste más bien en interpretar el papel de sabio, en pretender haber llegado a la perfección cuando apenas se ha empezado el camino. La gente, hasta la gente buena, yerra, se equivoca, grita y hasta mira el móvil cuando debería trabajar. La hipócrita es la que presume de no hacerlo nunca. Y cuidado que vivimos en una época muy hipócrita.

La virtud que no es virtud

Peor aún es proponerse formas de vida tan estricta que no permitan mejora. Y este es el verdadero peligro de la hipocresía, atarse tanto al plan prefecto para salvar al mundo, a la oficina o lo que sea, que acaba siendo uno incapaz de perfeccionar el plan.

Un cuento de dos viajes

Era un señor que quería llegar de Sevilla a Pamplona y teniendo una bicicleta montó en ella, pedaleando perfectamente los 900 y pico kilómetros de carretera. Era una señora que cansada al segundo kilómetro se dirigió a la estación de tren.

No te preocupes por los ideales que se supone tienes que seguir. A veces son ideas grandes pero por gordas, no por fuertes.

Miguel de Luis Espinosa