Diario de Guille 3.1 ~ Pollitos zombis mágicos

Nota: Desde esta entrada el Diario de Guille pasa a ser de periodicidad semanal. Guille seguirá escribiendo todos los días (o casi) pero yo los iré compartiendo cada sábado por episodios semanales. El 3.1 se refiere al primer episodio la tercera temporada –que decido que empieza ahora.

8 de enero, año 1

Polluelos zombis mágicos

Querida persona desconocida, el sol no salió hoy, lo empujó el viento al fondo del mar. Sí, ya sé que eso es imposible y que el sol no sale del mar en realidad. Pero es lo que parecía. No salió el sol. Solo una fiesta de nubes de luz parda y más viento del que se pueda soportar. Y venga lluvia y luego granizo y más llover y más granizo.

Así no se puede ni pescar ni trabajar en el campo. Da mucho miedo pensar que nos quedáramos así toda la vida, porque sería muy corta. Moriríamos de hambre. Me dan pena los animales de la isla; las gaviotas también. Se han metido en las cuevas, en las ruinas, incluso bajo el faro, buscando donde refugiarse. Sé que mañana encontraremos polluelos muertos y erizos moribundos. Si es que mañana se puede salir claro. A veces, como hoy, nuestra isla puede ser peligrosa si eres muy pequeño.

Mamá se ha puesto a enseñarme un montón de teoría militar sobre como esconderte, infiltrarte y mirar sin que te vean. Es complicado y no sé si me acordaré cuando tenga que hacerlo, con todo el miedo que se pasa. Espero que sí.

Heather ha terminado su lira y le ha quedado algo así como un cuadrado de un niño de cuatro años. No se puede sostener cómodamente en los brazos, pero suena bien. Es un poco de magia, son notas muy simples, muy tranquilas y tienen amor en ellas. Justo como es Heather. Le dije:

— Heather, you play so nice dead chicks would spring back to life again.

Ella se rió y me dijo que no quería hacer pollitos zombis mágicos. Y mamá se partió de risa pero Laika se fue conmigo a consolarme.


9 de enero, año 1

Lluvia lenta de moquitos

Querida persona desconocida, el tiempo sigue horrible, a los chubascos bestiales le sigue el granizo. No llega a nevar porque no hace suficiente frío aquí abajo pero allá arriba debe haber un congelador en el cielo porque las nubes está fabricando cubitos. ¡A nivel Boss! ¡Todo el rato!

Aun así hemos salido a trabajar y nosotros a pescar. Teníamos que hacerlo y mamá no se opuso porque hay que conseguir comida. De lo contrario se irán acabando las conservas, así que en estos meses tanto el pescado como las algas son muy importantes. Lo sabemos. Y salimos, Heather, mamá y yo a cumplir nuestra misión. Yo quise animarles con un discurso heroico pero me dijeron que me callara y dejara de hacer el tonto. No sé por qué, si era un discurso muy bonito. Empezaba así, más o menos:

Hoy no vamos a pescar. Hoy vamos a ser héroes. Cuando todo parece perdido, a pesar del frío y del granizo, lucharemos contra el viento y marea

Y mamá se rió. Y claro, no pude seguir. ¿Cómo podría seguir? Solo pude poner mi cara heroica un segundo hasta que Heather se partió de risa también. «It’s but fishin’, superdude!» Y se me bajó la cabeza mientras me salían mocos que caían a la tierra húmeda despacito, mezclados con la malvada lluvia.

No lo entienden que lo hago para levantarles la moral, pero me la hunden a mí.


10 de enero, año 1

El país del que me habló mi madre

Querida persona desconocida, ha mejorado todo, me siento feliz por eso del tiempo, que podemos trabajar y todo eso, y triste por todo lo demás.

Muy lejos de este frío gris y la lluvia eterna
de la oscuridad que roe más nuestros días
del fuego frío de nuestra casa
muy lejos, sí,
está el país
del que me habló mi madre

A lo mejor crees que me siento terriblemente triste, querida persona desconocida. A lo mejor lo de arriba es solo una poesía que se me ha ocurrido. La música sencilla de Heather me ralentiza el corazón y recuerdo con mi imaginación cosas que nunca vi. O que sí que vi, pero era demasiado pequeño para memorizarlos. Si volviera ahora España sería muy distinta a la de antes de las muertes y aunque no hubiera pasado nada sería un completo extranjero. Menos por el idioma. Tengo nostalgia, una nostalgia muy rara; nostalgia de un país que nunca existió, que solo me imaginé y que aún ahora me puedo imaginar.

Creo que haré eso, imaginar un rato, pero un país nuevo, un país que nunca haya existido, donde haya paz para siempre; paz o, si no es posible, pan, pan con mantequilla.

Lo mejor de este día es que nos han invitado a jugar en la casa grande. Será mañana. Y puede que sea fantástico porque vamos a jugar a rol, ¡después de tanto tiempo! Y con personas de carne y hueso en vez de fantasmas. Me pregunto si les gustará mi campaña «El Viejo Rey bajo la Montaña» tanto como a mis antiguos amigos fantasmas. Espero que sí. Tiene que salir bien, porque si sale bien tendré amigos y si sale mal no tendré amigos nunca. Todo depende de eso. Así que tengo que dejar este diario y concentrarme en preparar la aventura.

Solo una cosa para terminar. Heather y yo nos quedaremos jugando hasta que se haga la hora de dormir. Después nos dormiremos también en la casa grande, como al principio. Mamá no, porque se tiene que quedar en el faro de guardia; pasado mañana me tocará a mí.


11 de enero, año 1

Nunca tendré amigos

Querida persona desconocida, la partida no ha ido muy bien. Los demás no han comprendido el juego y me siento fatal. Me han tirado dados a la cabeza. Así de mal fue…

Mi vida es un desastre. Nunca tendré amigos. No puedo. No sé hacerlos. Antes, cuando todo el mundo estaba muerto no importaba, pero ahora que se resuelve el mundo resulta que seguiré solo y por eso ahora estar solo es un problema.

Ahora bien, suena un poco contradictorio. Pero no lo es porque si no tienes amigos porque no hay amigos, pues, ¿quién te puede echar la culpa? Pero ahora, que hay gente, si no tienes amigos es porque eres un ¡¡patán!! estúpido. Pues eres como yo: un patán estúpido.

Y encima me pegaron una patada al salir, de forma completa injusta e inmotivada. No me duele, pero es lo de menos. Y ahora esta noche me tengo que quedar aquí, en la casa grande, con los demás. Juro que lo hago porque llueve y para no armar un escándalo, etcétera. Créeme.

Bueno, tampoco hay que llorar por tan poca cosa. Es que duele que a los demás no le interese nada de tus cosas interesantes, mientras ellos solo hablan de cosas intrascendentes y superficiales que a mi no me pueden interesar. Cosas como quien era el mejor futbolista del mundo. Si están todos muertos, probablemente. O cosas como por qué tengo canas si soy tan pequeño. Y ya se los expliqué. Es por estrés.

Pero en realidad no estoy enfadado por nada de eso, creo. En realidad, me parece es por saber que nunca voy a volver a jugar a lo que me gusta a mí. Tendré que jugar a lo que le gusta a los demás, o trabajar…

«When there’s a whip, there’s a way»,

«Cuando hay un látigo, hay una solución», proverbio orco.

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Imagen, fragmento de un grabado de Honoré Daumier

de Miguel de Luis Espinosa