Diario de Guille 3.3 ~ Tras la tormenta

19 de enero

Querida persona desconocida, tengo miedo de que sea el final de la vida de Lucas, el chico nuevo. El que era un orco. Es que se calló y se quedó sin vida. Yo no lo vi como le pasaba, solo me lo contaron pero fue sin avisar y tardó mucho tiempo en recuperarse.

No sé dibujar mi cara de preocupación. Con palabras diría que es como una tristeza que no nace ni muere. Algo así. Muy raro.

Es algo peligroso. Lo de Lucas. Lo mío solo es raro.

Seguro que es peligroso. A lo mejor se le paró el corazón. Yo no le caigo muy bien, pero… ese pensamiento es una bobada ahora. Pasó dentro de su casa, eso fue bueno porque le pudieron ayudar enseguida. ¿Por qué me siento tan triste? Perdón por interrumpirme. Bueno, pues se sintió flojo, vio cosas raras, se puso frío y se desplomó. Ya sé por qué me pongo triste. Es que lo he visto antes, cuando las muertes y… muchos se murieron así o algo parecido… o se morían después. Pero Lucas no tenía fiebre ni nada. La tensión baja según el aparato mecánico y viejo que tenemos en la isla. Pero nada preocupante, eso han dicho todos los adultos.

A lo mejor estaba cansado…

A lo peor se va a morir…

Al menos no se ha muerto, ¿verdad? No quiero que nadie bueno se muera en esta isla. (Ni nadie malo, pero aún menos nadie bueno). Y Lucas es bueno aunque no le caiga bien y antes fuera malo (aunque lo de que fuera malo antes no está demostrado).

Creo que me voy a poner a rezar.

20 de enero

Querida persona desconocida, Lucas se ha puesto mejor, que no quiere decir lo mismo que bueno. Está mejor, pero sigue cansado y dice Brianbrian que le cuesta respirar. Pero es posible que solo esté resfriado por el invierno. Eso me recuerda que muchos de los esclavos de los orcos morirán este invierno. Bueno, no es un recuerdo, es un pensamiento de miedo que tengo. Pero puede ser real. Te digo: si estás débil es más fácil que enfermes y si enfermas es más fácil que mueras, sobre todo si no te cuidan. Ahora que no quiero pensarlo mucho para no tener que enfadarme tanto con los orcos como lo estoy.

¿Te digo lo que hicimos? Heather, Brianbrian, todos los niños y yo cogimos cuchillos de las cocinas y matamos los palos de la cerca vieja. Es que eran orcos. Porque todos nos pusimos a hablar de lo mismo, de que si Lucas se moría era culpa de ellos y luego nos imaginamos a todos los demás y se nos hizo como una tormenta de enfados. La peor.

Después los adultos se enfadaron pero fue por lo que le habíamos hecho a los cuchillos. Y empezaron con lo de que la guerra no es un juego, etcétera. Pero no estábamos jugando. Matamos de mentira —obvio, porque no se puede matar a un palo— pero no era un juego. Es una preparación para la guerra.

Y me da mucho miedo sentir lo que sentí. Y culpa, y asco.

Si los palos hubieran sido orcos de verdad… orcos que no se pudieran defender… ahora, ¿qué sería yo?

Me iría a ver la lluvia, pero ya está todo oscuro.

21 de enero

Querida persona desconocida, va para largo, lo de Lucas, digo. Ahora le ha empezado la fiebre, lo que es muy extraño, pero se siente menos cansado, lo que es más extraño aún. No había visto nada igual ni cuando «las muertes». De momento está en la cama y no lo dejan salir de ahí.

22 de enero

Querida persona desconocida, no ha llovido. Lo repito, no ha llovido en todo el día en ningún sitio de la isla, ni en el mar hasta tan lejos como hemos podido ver. Todos hemos estado gastando bromas. Mamá me dijo que hasta Lucas se quedó pegado a la ventana porque le parecía rara, y es que estaba seca por fuera. Cuando muchos días no lo está ni por dentro.

La pesca ha sido horrible, sin embargo, ni Heather ni yo pudimos pescar ni peces ni cangrejos, solo conchas. ¿Se habrán escondido todos? Mamá opina que sí, el señor Munro que están confundidos por la sequedad del aire y Heather dice que las gaviotas han aprovechado el buen tiempo para darse la gran zampada de su vida. Y creo que tiene razón. Piénsalo, salvo por el frío ha hecho mejor día que en verano. Además cuando tuvimos la tormenta no pudieron pescar, así que las que han sobrevivido tienen mucha hambre. Y lo mismo se puede decir de los cormoranes, los gansos y el resto de las aves de pesca de la isla. Esperemos que hayan dejado alguno para mañana.

23 de enero

Querida persona desconocida, nuestra adorada lluvia volvió para saludar la muerte del sol. Es mi forma poética rara de decir que no llovió hasta que los últimos rayos del astro diurno tocaban el horizonte a poniente. Perdona, sé que es horrible, pero no puedo parar de jugar a ser escritor de los antiguos. Al menos ha vuelto la normalidad, que, aunque tiene la desventaja de ser aburrida nos da más seguridad. La pesca ha ido bien, Lucas sigue enfermo en la cama

24 de enero

Querida persona desconocida, he vuelto a pensar en lo de mi radio pero no consigo avanzar en lo de la emisora. Así que me decidí a fabricar lo del receptor de radio, con los planos que encontré en una revista vieja. Sí, hoy sí lo intenté, de verdad. Pero me debe haber salido mal porque solo se vé un ovillo de cable y solo se escucha unos zumbidos raros.

Cuando terminé Sargento mamá me dijo que era normal. No puede haber nadie que esté emitiendo por aquí cerca. Desde luego no hay nadie en esta isla y tampoco cree que lo haya en ninguna de las islas cercanas. En cuanto a los zumbidos provienen del sol y las estrellas. Por lo visto, además de rayos de luz también emiten radio, aunque mamá no me lo supo explicar muy bien.

Lucas sigue sin cambios. Tiempo normal para el frío del invierno. Los demás y lo demás, todo normal.

25 de enero

Querida persona desconocida: el tiempo de amar y ser amado… palabritas de amor… caricias… confidencias… dudas… consejos… ansiedad… miedo y todas esas cosas que tienen los enamorados no llegarán para mí nunca.

¿Qué por qué lo sé? No es que lo sepa, es como un temor. Corrijo: es un temor, pero uno muy real. Se supone que ya soy mayor para sentir esas cosas nuevas, pero no las siento por nadie.

O a lo mejor es que sigue siendo invierno.

<< Anterior

>> Inicio <<

Continuará >>

Imagen cortesía de «Isle of Canna Farm«, Islas Small, Escocia

Miguel de Luis Espinosa