Diario de Guille, 2812

Querida persona desconocida, el entrenamiento militar ha sido tan desastre que ha parecido una broma. Muy apropiado para el día de los inocentes si no fuera por que aquí el día de los inocentes es el primero de abril y se llama el día de los tontos. No me preguntéis por qué, no lo sé y es muy irritante.

Mamá se empeñó en empezar por la preparación física militar. Eso significa hacer deporte a lo bestia y todos protestamos. Aunque en realidad no está haciendo tanto frío como merecen nuestros muchos pecados el terreno está blandito y húmedo y te llenas de escalofríos cada vez que das un barrigazo encima del páramo. (Barrigazo es el término técnico, por lo visto). Tirarse por el brezal fue peor porque aunque es blandito estás pensando en las garrapatas que pueden esconderse por ahí. Sí, ya sé que es invierno y no debería haber muchas, pero es que me ponen muy nervioso.

Aún peor es el sudor, cargando por ahí con los rifles y la ropa de invierno. Corriendo, saltando, levantándote, tirándote al suelo, rodando y escalando. Aunque haga frío con esta humedad sudas un montón y entonces el viento viene y sopla en tu cara y en tus manos y sientes una sensación de que te has caído en el hielo pero no puedes escapar. Y entonces viene mamá y grita: ¡Más rápido!

Total, que estamos cansados, ateridos, hundidos, dormidos, con ganas de comer una foca gigante pero sin fuerzas para hacerlo. Esto último se lo dije a mamá y se rió en toda mi cara como si fuera una especie de broma. ¡No! Me da igual ser un asesino de focas, no me basta la avena. Quiero cazar una muy gorda y comérmela yo solo, grasa y todo, empezando por la grasa. Y que no me diga nadie que los antiguos highlanders se alimentaban solo de avena porque le ponían mantequilla y toda clase de tripas y cosas grasientas en general. Grasa, rica, de bacon, se me hace la boca agua porque estoy tan cansado que no puedo coger el lápiz.

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Miguel de Luis Espinosa