El Blog de Miguel de Luis Espinosa

Diario de Guille, 020101

Querida persona desconocida, hemos vuelto a la rutina rutinaria, etcétera. Es que… es que no pasa de nada nuevo. Salvo el entrenamiento militar de las narices que hoy ha incluido entrenamiento en armas ligeras pero sin disparar porque hay que conservar la munición, por supuesto. Ese «por supuesto» no es en plan crítica, hay que hacerlo.

Pues, imagina, ¿qué hicieron todos?

Sí…

eso mismito…

Púm.

Y claro, Sargento, digo Teniente Coronel mamá diciendo palabrotas en inglés variante escocesa. (No quieres saber cuáles son ni qué significan, créeme). Y todo el mundo enfadado. Que si no podemos entrenar sin disparar, que qué vamos a hacer cuando sea real y todo eso. Bueno pues a lo mejor disparar algo, si seguimos gastando balas llegará un momento en que tengamos que decir «pum» con la boca y esperar que se asusten.

Yo apoyé a mamá, por supuesto y por que, en este caso, tiene toda la razón del mundo. Pero me ordenó que me callara. Me imagino que para aumentar su mando y autoridad y todo eso. No eres un teniente coronel si te tiene que ayudar tu niñito de 13 años. Así me tienen que ver los adultos, y no de otra ninguna manera. ¡Frustración!

Pero después Mamá me explicó que había que buscar la manera de volver a fabricar armas y balas. Lo que va a ser un poco difícil porque:

  1. no conocemos a nadie que sepa
  2. no tenemos máquinas que las fabriquen
  3. todo el mundo tiene que trabajar en comida y cosas más necesarias

No sé cómo lo vamos a resolver. Afortunadamente los orcos tendrán el mismo problema. (Espero). Supongo que pronto, aprovechando el buen tiempo, los adultos con toda su sabiduría (esto sí es irónico) se reunirán y decidirán hacer otra aventura a buscar armas y munición. ¿Pero dónde? Ya todos los sitios obvios habrán sido saqueados. Mi esperanza es que mamá sepa de algún lugar secreto o pueda imaginárselo. Si no, va a ser muy difícil, una aventura de muchos días, y encima en medio del invierno.

Divertido, peligroso, frío, cansancio, piel agrietada, labios sangrientos, horas cagándome de miedo en algún refugio, grandes caminatas, mojarme hasta el culo, morir… lo típico.

(¿A qué me toca pringar?)

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