De la culpa a la responsabilidad

No es culpa tuya, pero podría ser tu responsabilidad.

Esta es una bifurcación en el camino que lleva a ser un profesional

Seth Godin, en «It’s not your fault», trae esa pequeña perla sobre la que quiero reflexionar ahora. Un sentimiento de justicia nos lleva a la idea de que quien rompe algo debe ser el que no arregle. Cosa muy noble, sin duda, pero que tropieza con la realidad en un par de aspectos.

El primero es que cualquier bruto puede quemar un museo, pero hace falta verdadera habilidad, experiencia y cuidado para restaurar lo destruido o crear algo de una calidad semejante. Y sin tanta exageración, esto pasa también en el ámbito laboral y asociativo, en las iglesias, en las familias y hasta en las cuadrillas de amigos.

El segundo es que el culpable no esté dispuesto a reparar la injusticia cometida. Y sí, hay mecanismos personales, organizativos, disciplinarios y hasta jurídicos para ello, pero pueden ser costosos en esfuerzos y tiempo y, mientras tanto, la casa sin barrer.

Se podría oponer el ejemplo de esos padres que limpian todo lo que ensucian sus hijos, pero es que asumir la responsabilidad en ese caso puede significar muy bien, enseñar cómo limpiar y alentar la propia responsabilidad de los hijos.

Pero creo que Seth va a una situación mucho más simple: la resistencia interna que se funda en que «no es culpa mía» y frente a ella propone hacer la reflexión de si es mi responsabilidad. Asumir esta responsabilidad es abandonar el camino de la mediocridad.

Foto: National Library of Ireland

Miguel de Luis Espinosa