El trabajo de Andrés como arte

Quisiera presentarte a mi nuevo maestro. Se llama Andrés y tiene un blog hermoso: El trabajo como arte[1]. Colores, suaves, tipografía clara, poco hay que reprochar en este aspecto. En cuanto a contenidos podrías haber creído que va de música pero se va convirtiendo rápidamente, también, en un blog de sabiduría. Me gusta mucho el camino que está tomando últimamente, en serio.

Tengamos por ejemplo esta reflexión en torno a la perdida capacidad de disfrutar de las cosas que tienen verdadero valor:

Quien posea la verdadera capacidad de disfrutar un pedazo de pan, así sea lo único que tenga en el momento, tendrá una experiencia más rica y plena que los preocupados del banquete.

O, cuando habla de las dificultades que nos crean las distracciones de las redes sociales dice:

En mi diccionario, quien hace todo el tiempo “lo que quiere” no está en la definición de “libre”, sino de “caprichoso”.

Cuando se pregunta por el significado de amateur en relación al trabajo como arte, hace la siguiente reflexión:

Y digo difícil no porque piense que esto se resuelva con una introspección que permita saber cual es la afamada “actividad para la que naciste” y sencillamente dedicarte a hacerla. Sino, porque un amateur es también alguien capaz de aprender a amar una actividad. Hacer lo que ama le resulta sencillo. Pero también puede ir más allá y aprender a amar lo que hace.

O cuando, luchando contra la perversa creencia de que en mi país todo es peor y el «esto solo pasa aquí». (Que he escuchado en todas partes y en tantos idiomas como entiendo) muestra lo siguiente

Es necesario, eso sí, un elemento de realidad. No existen ni personas ni ciudades perfectas. Existen ciudades estadísticamente más peligrosas que otras. En Lima, mi ciudad, el nivel de ruido es alto y el respeto a las reglas de convivencia en determinadas situaciones (tráfico, por ejemplo), parece un lujo inalcanzable. Sin embargo, en medio del tumulto, emergen por ahí esas pequeñas personas cuyos pequeños actos cotidianos, si bien posiblemente jamás lleguen a ser noticia, nos levantan el ánimo y nos devuelven la esperanza en la bondad.

Me da un poco de pena que mi blog no sea uno de los famosos. Culpa mía de ser tan inconstante. Porque si lo fuera ahora mismo Andrés recibiría las visitas que merece. Tú, que me lees, pon de tu parte, que todos necesitamos una palmadita en el hombro de cuando en cuando —guiño, guiño, codazo, codazo.


Notas:

  1. El trabajo como arte

Miguel de Luis Espinosa