Adiós mac, adiós Apple

Diez años, viejo amigo, son muchos para una noble caja de circuitos. Te compré rebajado, iban a traer un modelo nuevo y eras el último de tu serie. Lo hiciste todo bien desde el primer día hasta que te hiciste mayor y cada vez te costaba tirar más. Por eso y, lo sabes bien, con bastante pena he tenido que cambiarte. ¿Es posible encariñarse de un ordenador hasta el punto de ser más que un objeto? Esta visto que sí.

Pero no te he cambiado por un Apple nuevo. Había una cosa que me molestaba demasiado. No te echo la culpa a ti, sino a los que te programaron como si fueras un jardín de infancia. Sí, pensaba en ti como un corralito que dirían los argentinos. Verás, suponía que todo estaba hecho para evitar que el usuario metiera la pata. No me gusta Windows (perdón por la palabrota), ni me ha gustado nunca, pero reconozco que gran parte de sus problemas nacen por descuido del usuario. Pero con el tiempo se me cayeron las gafas de cristales rosados y me dí cuenta de que, en realidad, el corralito era un instrumento para hacerme comprar cosas. En un mac todo es fácil mientras lo hagas como quiere Apple que lo hagas, pero difícil si te desvías.

Además pasaba otra cosa, con el tiempo, lo sabes muy bien, iba prefiriendo aplicaciones más sencillas y humildes, con una interfaz sin florituras, que hicieran lo que tenían que hacer y nada más. Pero muchas veces no era tan fácil instalar cualquier cosa que estuviera fuera de la tienda. Más bien el sistema lo ve con sospecha, casi con alarma. En algunos casos programas muy sencillos —newsbeuter— por poner uno, requerían bastante investigación simplemente para conseguirlos instalar.

No dejé de usarte por eso. Lo sabes bien. Te dejé cuando ya te quejabas demasiado de funcionar, rumiando con tus ventiladores en cuanto pasabas de un rato de funcionamiento. Ya no estoy para estos trotes, me decías. Está bien, te haré caso.

Pero no te cambié por un Apple nuevo. Me he ido a una torre normal que venía contaminada con la palabra que empieza por Win y termina por dows. Pero ya exorcicé ese fantasma. En su lugar he puesto CrunchBang++, una distribución Linux basada en Debian muy sencilla. Algunos dirán que demasiado. Pero a mí me gusta. Tiene todo lo que necesito y nada que no. Todo va muy rápido y tengo libertad para hacer lo que yo quiero. Que en realidad no es mucho… Lo irónico es que alcanzar la sencillez es muy complicado, aunque sea en algo tan pedestre como un sistema informático. Pero de eso es algo de lo que tengo que hablar pronto y en más detalle.

Vale, pues, muchas gracias y adiós. Se hizo duro, muy duro, desenchufarte. Quiero pensar que a ti también, por muy cansado que estuvieras.

Miguel de Luis Espinosa