20 de diciembre, diario de Guille

Querida persona desconocida, fue un poco injusto que los niños tuviéramos que seguir trabajando mientras los adultos se reunían con los recién llegados. Los niños de los otros se quedaron en el «King of Rona», así que me tocó lo de siempre, pescar, revisar las nasas, reparar las nasas y todo eso con Laika en mi kayak y Heather en el suyo. Al menos nosotros estamos en el mar. Todo tenía un aire de normal salvo porque me guardé mi carabina dentro del kayak y Heather también tenía un arma por si empezábamos a escuchar ruidos de pelea o los del barco hacían algo raro. Los otros niños de la isla menos Lucas, Brianbrian hicieron los mismo. Fue una experiencia de nervios, pero no pasó nada.

Todo se hizo felicidad

…cuando vimos a todos los adultos salir juntos de la casa grande. Brianbrian y los otros niños corrían hacia ellos. Parecían bailar. No sé como lo supimos desde lo lejos que estaban nuestros kayaks pero adivinamos que todos estaban sonriendo. A toda velocidad, casi V4 de piragüismo, creo, como los profesionales, hicimos volar los kayaks. Casi vuelco porque Laika casi se sale pero no pasó nada y fue muy divertido. Salimos, Heather se tropieza, todos corres, hay gritos de alegría, fue muy extraño. No recordaba que se podía ser tan feliz y todavía no sabíamos por qué.

Después todo se hizo el mejor lío del mundo. Había que hacer una fiesta, una fiesta muy grande porque habíamos encontrado nuevos amigos tras tantos orcos. Ya no somos solo nuestra isla. No sé por qué pero estamos más felices incluso que cuando nuestra familia llegó a Ristol. ¿Y? ¡Ah sí! ¡La fiesta! Fue genial, pillamos una de las casas ruinosas pero que todavía tiene el techo y apartamos las cosas y preparamos el cèilidh (se pronuncia algo así como keilí) que es música, y bailar y hacer tonterías y poesía y hacer amigos y así toda la noche hasta que el frío de la noche nos obligó a irnos a la casa grande.

Y por supuesto vinieron los niños de «los otros», pero no me acuerdo cuándo ni cómo. Se me pasó con la felicidad (menos mal que no eran orcos, si lo llegan a ser me cogen despistado y más bobo que una pelota guisada).

(Pero los adultos han vuelto sin decirnos nada, creen que estoy dormido, pero no es verdad— vaya, ¡estoy tonto!— mejor me duermo).

Imagen. cuadro «Preparando la fiesta» de Ferdinand Georg Waldmüller

Si te apetece ver un buen cèilidh, aquí hay un bonito video de la isla de Eigg

de Miguel de Luis Espinosa