15 de diciembre, diario de Guille

Querida persona desconocida, hoy estamos muy cansados y no tengo ganas de escribir nada. ¿El tiempo? Muy bueno, estupendo, magnífico el mejor que hemos tenido en mucho tiempo, con brisa, el cielo todo limpio de nubes y tanto calor que me tuve que quitar la chaqueta a mediodía. No, no hemos ido con la ropa de Harry Potter porque lo que hemos hecho es trabajar, trabajar y más trabajar. Heather dice que le duelen los callos y la entiendo perfectamente porque nos hemos pasado el día pescando. Parece ser, si esto sigue así, que nos van a convertir a los dos en los pescadores oficiales de la isla. Es interesante porque es como que puede convertirse en nuestra profesión para siempre sin que nadie nos lo haya preguntado. Nos dicen cosas como: «As you both handle the kayaks so well…» y eso ya es una excusa para que siempre hagamos lo mismo. No me quejo, créeme. Me gusta el mar más que la tierra y no hay que temer a la lluvia porque ya estás mojado, ni al frío porque siempre lo hace, ni al barro porque no hay ninguno, solo agua y algas que cubren las rocas y cuando pisas te resbalas y te matas si eres un poco estúpido pero por lo demás el mar está muy bien.

Una cosa muy buena de nuestra isla es que hay infinidad de pesca. La hay para las gaviotas, los pica-conchas, los frailecillos (cuando vienen), los snipes, los gansos (que todos odian menos yo), los shags, los cormoranes y todas las otras aves. Las hay también para las nutrias invisibles (es que tienen miedo y se esconden) y las focas ruidosas. ¿Cómo no iba a haber también unos pocos para nosotros? ¿Qué por qué hay tanta pesca aquí? Seguro que papá, cuando vivía, hubiera dicho que pasa una corriente cargado de nutrientes zooplánticos o algo así. Eso quiere decir, si por casualidad he dicho la palabra bien, que el agua está cargadísima de bichejos diminutos que les gustan muchos a los peces pequeños. Y luego está las algas que le deben gustar a los peces herbívoros.

Estoy cansado y no quiero escribir nada más. Además ha sido un día aburrido. Después de trabajar nos volvimos a nuestra casa faro, menos Lucas que ha preferido quedarse en Gasta. Eso no lo acabo de entender porque pensaba que nos estábamos haciendo amigos, sobre todo se estaba haciendo amigo de Heather pero parece que se ha hecho amigos nuevos y mejorados. Y si lo piensas es muy raro porque hasta hace muy poco todos le tenían miedo y yo le salvé la vida y ahora va, se pasa un día, bueno dos con los demás y ya son sus amigos. No digo que sea injusto porque tus amigos son tus amigos, te lo merezcas o no, pero es raro.

Es que me siento un poco solo o algo raro. Bueno, solo no, tengo a Sargento mamá, a Heather y a Laika, aunque sean todas chicas (a lo mejor es eso). Pero también es que eso de que te digan que prefieren estar con otras personas más que contigo, aunque les salvara la vida y eso. Quiere decir… no eres buen amigo. Y no sé como serlo. Es como un poder que me falta. Es un pensamiento deprimente y aunque bueno, tampoco es tan importante. Lo reconozco si escribo y hago muchas cosas solo a lo mejor es que estoy bien así. Mamá a veces me ha dicho que de pequeño si había mucha gente me costaba respirar. Lo que suena raro y ya no lo puedo comprobar porque ya no hay mucha gente. A lo mejor es una broma. A lo mejor es que soy un poco raro. O muy raro. O raro y ya está.

Por otro lado sin Lucas aquí en el faro nuestra vida vuelve a la normalidad.

Aunque…

esto da un poco de miedo…

no sé si es una normalidad que me gusta solo a mí y Laika, Heather y mamá solo están cargando conmigo, como un bulto, como un niño tonto, raro

loco.

Quiero llorar. Lloraría pero no quiero que me vean.

Imagen: «El Bohemi» (fragmento) de Ramón Casas y Carbó

Miguel de Luis Espinosa