13 de diciembre, diario de Guille

De aventuras

Querida persona desconocida, el tiempo ha mejorado tanto que hemos salido de aventuras en nuestro «Canciones de verano». Vamos Sargento Mamá, Heather, el señor Munro, Heather, Laika y yo. Lucas se ha quedado con los Sax. Te preguntarás sobre el cambio de opinión respecto a que Heather y yo podamos ir. La verdad es que los otros adultos no querían arriesgarse y tampoco sabían manejarse bien en el mar. (Suena raro para estar en una isla, pero es así). Además, y esta fue la razón de verdad, me imagino, después de la última llegada de los orcos Sargento mamá piensa que el sitio más seguro para nosotros es al lado de ella. ¡Y estamos de acuerdo!

El viaje al puerto de Mallaig fue muy rápido alejándonos de las otras islas hasta ir directos a puerto. Eso nos llevó la mañana. Al llegar lo primero fue formar dos grupos: el señor Munro se quedó en el barco con Laika, en el mar, pero listo para venir a ayudarnos. Sargento mamá, Heather y yo tomamos los kayaks. La travesía en kayak fue buena pero lenta porque cada dos por tres había que pararse a mirar por los prismáticos, pero no, Mallaig está tan vacía como lo ha estado desde las muertes.

Si no lo piensas parece raro que Mallaig esté tan vacío y casi sin tocar. La historia es que este pueblo fue uno de los primeros sitios donde llegaron «las muertes» y nadie ha querido volver nunca. Dicen que fue por todos los turistas que tomaban el ferry a la gran isla de Skye y que ellos trajeron la enfermedad. Bueno, eso ya no importa. Lo que importa es que nadie vive aquí, ni siquiera los orcos, al menos todavía.

Desembarcamos los kayaks en el puerto, justo donde estaba la cabaña de las pizzas. ¡ Cuántos recuerdos felices ! Solo tenían cinco o seis tipos de pizzas, pero estaban muy buenas, y por los alrededores saltaban los gorriones buscando miguitas. Papá siempre nos llevaba, a Carlos y a mí si pasábamos por aquí, sobre todo si hacía buen tiempo, como ahora. Bueno, me parece que me he hecho un lío con la memoria. En realidad me parece que solo fuimos dos veces, más una que era tan pequeño que en realidad no lo recuerdo. Pero es como si hubiéramos ido todos los domingos en mi mente. Es raro. Bueno, pero ahora el horno está frío y la barra vacía y la madera fría, húmeda y mohosa. ¡Qué pena!

Pero Sargento mamá no estaba para recuerdos. Nunca está para sentimientos cuando lleva su fusil militar y me confía a mí la carabina. Y especialmente no ese día que Heather, además llevaba una escopeta, demasiado gorda para matar solo pájaros. Nos dio órdenes.

Avanzamos en plan comando, pegados a las paredes, por las calles del pueblo. Vacías, tan desiertas que ni escuchabas grillos. Solo gaviotas malditas chillonas. Mamá avanzaba primero, luego comprobábamos todos que no había nadie, mamá daba la seña y caminaba primero yo y después Heather, o al revés, nunca los dos a la vez. Íbamos entrando en las casas, siempre mamá y uno de nosotros, el otro o la otra se quedaba vigilando. Pero no encontramos lo que quería mamá: ropa buena de calidad para nosotros y sobre todo para Lucas. En Escocia una vez que se rompe un cristal o dos entra el agua y el viento y lo pudre todo y ya han pasado años así desde las muertes. Una casa, dos, tres, así hasta siete. En el callejón de Haggard, encontramos ropa de Harry Potter. No es broma, es que era una tienda y nos llevamos para mí (de Harry) para Heather (de Hermione) y para Lucas (también de Harry, es que quedaban pocas cosas). Mamá casi nos mata cuando nos vio empeñados en sacar esas ropas «casi inútiles»; y eso que no vio mi varita, ni las pociones que se llevó Hermione, digo Heather…. ¡y otras tonterías que no quiero que mamá se entere!

Pero la ropa de verdad no la encontramos hasta llegar al colegio. Había mucha de niño porque lo usaron de hospital cuando no había otro sitio durante la epidemia mundial. ¿Sabes? Y bueno, lo que importa es que estaba bien. También pillamos una tienda de campaña nuevecita, pero es fue en una tienda. Después todo a los kayaks en bolsas impermeables y de vuelta al Canciones de Verano.

Ahora estamos ahí, anclados en la bahía, en cuanto amanezca volveremos a casa. Todo ha ido muy bien, —demasiado bien que dirían en una película si no me acuerdo mal. Heather está jugando a cantar con el señor Munro, Laika está acariciando a mamá con su lomo y yo tengo que salir corriendo porque me toca recoger lo de la cena.

Imagen: Costa rocosa en Mallaig de Rod Allday (cc-by-sa/2.0)


Nota

Si bien Haggard Alley existen en la realidad, creo que a los muggles solo les venden meras baratijas sin poder mágico. Haz patente tu magia si quieres que te vendan algo especial.

Miguel de Luis Espinosa