11 de diciembre, diario de Guille

Querida persona desconocida, ha sido muy excitante. Te explico: el ventarrón ha llegado cargado de granizo del gordo y todo el faro retumbaba con los ataques de los hielos. Nos despertamos muertos del susto, sobre todo Lucas, «¿qué pasa?» Corrimos a la linterna donde estaba mamá y lo vimos caer, precioso, estrellándose contra los cristales del faro pero sin romperlos, mientras el viento, lanzando copos de espuma de mar venía detrás a llevárselo todo. Laika daba vueltas, Heather chillaba de excitación y Lucas se puso a saltar. Yo me tiré en el suelo a ver cada una de las piedras blancas estrellándose. Y mamá, no sé que hacía, supongo que sonreír con su cara de «los niños están locos». Pero fue fantástico, de verdad, muy divertido. (Puede que tuviéramos miedo, pero me olvidé).

Luego se hizo pesado porque duró hasta el mediodía, cuando se mantuvo el viento pero el granizo se cambió por lluvia mezclada de nieve. Y entonces nos tocó ir corriendo a trabajar. Esa fue la parte horrible, caminar muertos de frío y lluvia y el viento soplando y mis huesos gritando y Lucas pegado a la espalda de Heather. Menos mal que pudimos refugiarnos en el bosquecillo y luego correr hasta Gasta, nuestro pueblo. El tiempo ha estado tan malo que al final hemos trabajado todos dentro de la casa principal. A Lucas, Brian y a mí nos tocó fabricar nasas, a Heather repasar la despensa de conservas para que no falte ninguna y vigilar por si hay roedores que nos quieran comer lo nuestro. No encontró nada, lo que está muy bien.

Volvimos a la casa faro muy rápido, casi corriendo en los ratillos que no llovía, saltando los charcos, los tres de la mano y Sargento mamá detrás junto con Laika que deben ser las únicas personas cuerdas y sensatas de nuestra loca pandilla.

Ya en nuestra casa seguimos leyendo medio capítulo de Brightstorm, del que ya te hablé, y después un poco del nuevo libro favorito de Heather, «Brown Girl Dreaming», que escuchamos todos embobados. Es en poesía, pero no es poesía… Mira un poquito:

Autumn is coming.
Outside, there’s the sound of wind
through the pine trees.
But inside there are stories, there are biscuits
and grits and eggs, the fire in the potbellied stove
already filling the house with warmth.

Y te lo traduzco como puedo, porque me apetece:

Viene el otoño.
Afuera suena el viento,
entre los pinos.
Pero dentro hay cuentos, hay galletas
y polenta y huevos, el fuego de la estufa barriguda
ya llena la casa de calorcito

Nos gustaron mucho esas palabras aunque la palabra para «grits» en español y lo que significaba la polenta se lo tuve que preguntar a mamá. Aquí no hay polenta, solo avena, pero mamá dice que en lo esencial es lo mismo, un calentador de barriga. Y nos reímos todos porque se parece tanto a lo que sentíamos justo entonces… ¿Cómo pudimos tener tanta suerte con el libro?… Tengo ganas de volver a leer en español, pero lo tendré que hacer para mí solo porque Heather prefiere en inglés y Lucas solo sabe inglés (y en plan orco palabrotero que da miedo).

Después cenamos y jugamos un poco, Lucas con un tanque verde de juguete que le regaló Brianbrian. Y fue muy bonito verle jugar y yo también jugué con él, como cuando era pequeño. Ya sé que tengo trece pero si él juega, yo también.

ruge motor, brama
a su niñez vuelve el niño
tanque de juguete

(Por cierto mañana te contaré un secreto de Lucas, uno que me está haciendo daño ahora mismo).

Imagen: Cuadro de Adriaen van Ostade